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Saludo al Santo Padre pronunciado por
Mons. Pedro Meurice, antes de comenzar la Santa Misa en la
Arquidiócesis de Santiago de Cuba 24 de Enero de 1998
Santísimo Padre:
En nombre de la Arquidiócesis de Santiago de Cuba y de todos los
hombres de buena voluntad de estas provincias orientales le doy
la más cordial bienvenida.
Esta es una tierra indómita y hospitalaria, cuna de libertad y
hogar corazón abierto.
Lo recibimos como a un Padre en esta tierra que custodia, con
entrañas dignidad y raíces de cubanía, la campana de la
Demajagua y la bendita imagen de la Virgen de la Caridad de El
Cobre.
El calor de Oriente, el alma indomable de Santiago y el amor
filial de los católicos de esta diócesis primada proclaman:
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
Quiero presentarle, Santo Padre, a este pueblo que me ha sido
confiado. Quiero que Su Santidad conozca nuestros logros en
educación, salud, deportes…, nuestras grandes potencialidades y
virtudes..., y los anhelos y las angustias de esta porción del
pueblo cubano.
Santidad: este es un pueblo noble y es también un pueblo que
sufre.
Este es un pueblo que tiene la riqueza de la alegría y la
pobreza material que lo entristece y agobia casi hasta no
dejarlo ver más allá de la inmediata subsistencia.
Este es un pueblo que tiene vocación de universalidad y es
hacedor de puentes de vecindad y afecto, pero cada vez está más
bloqueado Por intereses foráneos y padece una cultura del
egoísmo debido a la dura crisis económica y moral que sufrimos-
Nuestro pueblo es respetuoso de la autoridad y le gusta el orden
pero necesita aprender a desmitificar los falsos mesíanisrnos.
Este es un pueblo que ha luchado largos siglos por la justicia
social y ahora se encuentra, al final de una de esas etapas,
buscando otra vez, cómo superar las desigualdades y la falta de
participación,
Santo Padre: Cuba es un pueblo que tiene una entrañable vocación
a la solidaridad, pero a lo largo de su historia, ha visto
desarticulados o encallados los espacios de asociación y
participación de la sociedad 'civil, d modo que le presento el
alma de una nación que anhela reconstruir la fraternidad a base
de libertad y solidaridad.
Quiero que sepa, Beatísimo Padre, que toda Cuba ha aprendido a
mirar en la pequeñez de la imagen de este Virgen bendita, que
será coronada hoy por su Santidad, que la grandeza no está en
las dimensiones de las cosas y las estructuras sino en la
estatura moral del espíritu humano-
Deseo presentar en esta eucaristía a todos aquellos cubanos y
santiagueros que no encuentran sentido a sus vidas, que no han
podido optar y desarrollar un proyecto de vida por causa de un
camino de despersonalización que es fruto del paternalismo.
Le presento, además, a un número creciente de cubanos que han
confundido la Patria con un partido, la nación con el proceso
histórico que hemos vivido en las últimas décadas, y la cultura
con una ideología, Son cubanos que al rechazar todo de una vez,
sin discernir, se sienten desarraigados, rechazan lo de aquí y
sobrevaloran todo lo extranjero. Algunos consideran esta como
una de las causas más profundas del exilio interno y externo.
Santo Padre, Durante años este pueblo ha defendido la soberanía
de sus fronteras geográficas con verdadera dignidad, pero hemos
olvidado un tanto que esa independencia debe brotar de una
soberanía de la persona humana que sostiene desde abajo todo
proyecto como nación.
Le presentamos la época gloriosa del P. Varela, del Seminario
San Carlos en La Habana y de San Antonio María Claret en
Santiago, pero también los años oscuros en que, por el
desgobierno del patronato, la iglesia fue diezmada a principios
del siglo 19 y así atravesó el umbral de esta centuria tratando
de recuperarse hasta que, en la década del 50, encontró su
máximo esplendor y cubanía. Luego, fruto de la confrontación
ideológica con el marxismo leninismo, estatalmente inducido,
volvió a ser empobrecida de medios y agentes de pastoral pero no
de mociones del Espíritu como fue el Encuentro Nacional Eclesial
Cubano.
Su Santidad encuentra a esta Iglesia en una etapa de franco
crecimiento y de sufrida credibilidad que brota de la cruz
vivida y comparada Algunos quizá puedan confundir este despertar
religioso con un culto pietista o con una falsa paz interior que
escapa del compromiso,
Hay otra realidad que debo presentarle. la nación vive aquí y
vive en 1 diáspora. El cubano sufre, vive y espera aquí y
también sufre, vive y espera allá fuera. Somos un único pueblo
que, navegando a trancos sobre todos. los mares, seguimos
buscando la unidad que no será nunca fruto de 1a uniformidad
sino de un alma común y compartida a partir de la diversidad.
Por esos mares vino también esta Virgen, mestiza como nuestro
pueblo. Ella es la esperanza de todos los cubanos. Ella es la
Madre cuyo manto tiene cobija para todos los cubanos sin
distinción de raza, credo, opción política lugar donde viva.
La Iglesia en América Latina hizo en Puebla la opción por los
pobres, y lo más pobres entre nosotros son aquellos que no
tienen el don preciado de la libertad. Ore, Santidad, por los
enfermos, por los presos, por los ancianos por los niños.
Santo Padre: Los cubanos suplicamos humildemente a Su Santidad
ofrezca sobre el altar, junto al Cordero Inmaculado que se hace
para nosotros Pan de vida, todas estas luchas y azares del
pueblo cubano tejiendo sobre la frente de la Madre del cielo,
esta diadema de realidad sufrimientos, alegrías y esperanzas, de
modo que, al coronar con ella esta imagen de Santa María, la
Virgen Madre de Nuestro Señor Jesucristo, que en Cuba llamamos
bajo el incomparable título de Nuestra Señora de 1a Caridad del
Cobre, la declare como Reina de la República de Cuba. Así todas
las generaciones de cubanos podremos continuar dirigiéndonos a
Ella, pero con mayor audacia apostólica y serenidad de espíritu,
con la bella estrofas de su himno:
"Y tu Nombre será nuestro escudo,
nuestro amparo tus gracias serán"
Amén.
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