Raúl Rivero
Poemas de Raúl Rivero
Poemas escritos por el Poeta Raúl Rivero en
la prisión, enviados a Acción Democrática Cubana por su esposa
Blanca Reyes y que publicamos hoy 23 de Noviembre de 2004 como
un reconocimiento en el día de su cumpleaños
Postal a Raúl
Escribir una postal a un poeta preso es muy
difícil. Desearle, además, felicidades, puede lucir como un
gesto de mal gusto, pero querer a un poeta es algo hermoso,
porque se te hacen tuyas sus manías de hacerse caracoles en un
pelo largo, gris, sereno y hermoso.
Querer a un poeta preso es un verso y es que “Es muy extraño
todo en este otoño”, como lo fue aquella tarde en que mi madre
invitó a la presentación formal, requerida en nuestras
costumbres, de presentar a su novio. Y mi madre estaba feliz y
nerviosa por vez primera desde que aquel compañero, severo y
trágico de la oficina de inmigración cubana le cortara el mañana
en pocas palabras: “No reúne los requisitos para viajar”, y
ahora la vida nos visita en casa, juntos, mi madre, Raúl y yo,
aprehendiendo este domingo de bienvenida a la familia y que
junto al café que mi madre nos brinda, terminaría con un juego
de pelota de Industriales, solamente interrumpido por una Tanda
del Domingo, que no recuerdo bien, pero que estoy seguro que
terminaría con el bueno venciendo al malo en esa segunda
película.
Meses después que mi padre cambiara el destino vía Varsovia-
Madrid-Miami, en un viaje que iba a durar solamente días, y ya
va cumpliendo 24 años, entré a la vieja casona de la Unión de
Periodistas y Escritores de Cuba, temeroso y frágil como un niño
de 9 años que se encuentra con su pasado, y allí estaba el
poeta, que me reconoció, y en un gesto disidente, frente de los
amados escritores de la Revolución, los encargados de armar y
equipar al hombre nuevo, y habló: ¿Saben quién es este niño? Es
el hijo del escritor…” y así aprendí de memoria mi primer poema
porque “Los recuerdo que tengo son, deben ser/ el delirio final
porque el Estado/ no puede equivocarse en forma tan fragrante”.
Ahora mismo, en que 75 personas cumplen un año y ocho meses en
cárceles en kilo 51/2 y 8, en el centro Penitenciario Provincial
de Holguín o Villa Clara, Chafarina, o Canaleta se celebra un
cumpleaños en el que el invitado de honor, el encargado de
soplar las velas no vendrá porque dice que es alérgico a las
escaramuzas y los fuegos y porque el piano no está listo para la
ocasión, pero sus amigos le aplauden y agradecen por sus versos
alegres y de amores “No imagina siquiera/ que aquí/ frente a sus
ojos/ estoy llenando de ella este papel “.
A un hombre que ama a su madre, sus hijas, a su patria y que
escribe a mi madre desde prisión cosas como: “Sé que muchas
personas te quieren y admiran desde Caña de Piña a los bordes
del Río Sena, pero sólo yo tengo, junto al amor y la admiración,
la intensidad y la temperatura de la pasión. El temblor de la
carne y el vértigo del beso”. Un hombre que escribe estas cosas,
trabaja –seguramente-, para el Gobierno de la Poesía, extranjero
en Cuba
Por eso hoy, 23 de Noviembre, en el cumpleaños 59 de Raúl
Rivero, pido que celebremos y oremos por la libertad de todos
nuestros poetas que son todos aquellos que sufren, luchan y
cargan a Cuba en su condena, hombres buenos y sencillos que
están presos. Y los cuales esperan que siempre les abramos las
puertas. Y nunca han dicho que son perfectos.
“Esta es la realidad/ Juzgadme con mesura/ profundizando bien
sobre estas cosas/ y vamos todos a firmar este poema…Firmemos,
ayúdenme a testimoniar este momento/ queridos contemporáneos
míos”.
¡Felicidades Raúl!
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FOTO DE ESTUDIO
Destrozado el amor, hielo en los besos
un púdico ciclón estacionario
en la cama, el baño, los armarios
las palabras contadas una a una
y los gestos fantasmas desterrados
yo seguía queriéndote en la foto.
Nada más que en la foto te quería
porque mirabas lejos y en silencio
a un sitio que acordamos previamente
por piedad con nuestras soledades.
Allí nos reencontramos desahuciados
y empezamos a hacer esta otra historia
que termina como termina todo
aunque esta vez algún amor se queda
invisible y en vano en tu retrato.
Raúl Rivero
Octubre de 2004
VERSION LIBRE
Fui un lobo alguna vez
un lobo bueno
escolta personal de la Caperucita
y enemigo probado de los leñadores.
Fui lobo mucho tiempo
y cantábamos
Caperucita Roja y yo cantábamos
¨Quién le tiene miedo al Wolf, miedo al Wolf, miedo al Wolf¨
porque éramos armónicos, bilingües, afinados
y ella tocaba el piano.
Nos queríamos
hacíamos el amor
en la cabaña de la abuela
en pleno bosque
con un cesto de mimbre
sobre la mesa rústica
que le daba a los besos un rumor de buñuelos.
Fui un lobo enamorado
sin instinto de lobo
un animal de la tercera edad
manso y tranquilo
con ojos grandes, tristes, húmedos
las uñas de las garras recortadas y limpias
gris y brilloso el pelo
rojo y acompasado el corazón sin furia.
De paseo una tarde entre los árboles
la niña se quitó la caperuza
y corrió ante el leñador a denunciarme
por bestia, por amor, por gusto, por hastío
por los motivos que siempre
proporcionan los misterios del alma.
El hombre vino con unos cazadores
vinieron a matarme
y a fuego de lupana
me mataron.
VERSION LIBRE…2
No sé qué habrá pasado luego en la espesura.
A lo mejor es muy feliz Caperucita Roja
y uno de sus hombres conserva
mi gran cabeza gris
(estúpida, seca, la mirada de vidrio)
en la pared
a la derecha de la chimenea.
Yo nunca me engañé
Mi muerte ha sido siempre el final de este cuento.
Raúl Rivero
Primavera de 2004
POLVO DE ESTRELLA
Julia Roberts se equivoca conmigo
resisto su mirada hora tras hora
y otras veces la pongo de castigo:
contra el piso su cara seductora.
Si va a decirme algo, no hago caso
si me guiña los ojos o algo de eso
la oculto con un gesto de mi brazo
y le dejo en la boca congelado un beso.
Julia mira las paredes a porfía
sofoca con silencio su reproche
y yo, con mi desdén la mortifico.
Le ignoro normalmente por el día
aunque a decir verdad todas las noches
la uso con pasión como abanico.
Raúl Rivero
2004
RECADO
No le digas, Ciudad, que he vuelto a verla
y vine a renacer en su perfume
a dormir bajo las arboledas
corruptibles y puras de su carne.
No le digas, Ciudad, que aquí he llorado
en lo que fue jardín y campanario
ni que mordí el sabor de sus palabras
con los dientes extraños de una llave.
Que no sepa por ti que sufro y tengo
pronósticos de nuevos sufrimientos
que puedo estar alegre y que este verso
es la única forma de llamarla.
No la saques, Ciudad, de ese camino
donde la tiene retenida el sueño
ni le digas que callo y estoy triste
y puedo estar alegre al mismo tiempo.
No le digas, Ciudad, que vine a verla.
Raúl Rivero
Noviembre 2004
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