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Miguel Saludes


Raseros diferentes para violaciones de la dignidad humana.

Por Miguel Saludes.


El incidente ocurrido durante el pasado mes de octubre durante la entrega de los premios del XV Concurso Internacional Infantil sobre el Medio Ambiente en la capital de Argelia vino, una vez más, a redundar en beneficio de la propaganda del gobierno castrista. Según las fuentes informativas cubanas, que dieron amplia cobertura a la información, al finalizar el evento los niños ganadores del concurso recibieron como premio una cámara fotográfica Nikon. Solamente el representante de Cuba quedó sin recibir este equipo debido a que la firma patrocinadora alegó que el aparato contenía piezas de origen norteamericano, por lo que su entrega a un ciudadano cubano podría suponer una contravención al embargo económico decretado por Estados Unidos contra el gobierno de la isla caribeña.

El hecho, repudiable en sí, toma carices de mayor dramatismo dada la corta edad de quien recibió tal sanción y las situaciones propias que le aquejan. Raysel Sosa Rojas, como se nombra el pequeño, cuenta apenas con trece años y sufre de hemofilia hereditaria. Por eso no puede extrañar el contenido de los mensajes que de inmediato recibió de manera solidaria. "Supe lo que te hicieron por allá, unos hombres malos y mentalmente enfermos. Lo sabrán todos mis amigos porque se lo diré. Para ti un abrazo fuerte", fue la nota enviada desde el País Vasco por Xarlo Etchezaharreta, desde el País Vasco. También desde Argentina llegaron estas líneas supuestamente compuestas por la niña Adriana Vega: "Mil ideas bullen en mi cabeza, como por ejemplo sabotear los productos de Nikon, aunque los ricos los van a seguir comprando, buscar sus contactos y correos para enloquecerlos e insultarlos. Pero luego me di cuenta de que haciendo esto me igualaba a ellos y por suerte no me les parezco porque soy martiana y revolucionaria". Todos estos escritos sirvieron para realzar desde las páginas de la prensa oficialista cubana el dramatismo del episodio.

La propaganda del régimen es experta en estas lides. Por ello no desaprovechó tiempo para la ocasión que venía de maravillas. En primer lugar los 1.200 mensajes de solidaridad y 80 propuestas para regalarle un aparato similar al defraudado infante ocurren la antesala de la próxima votación sobre el tan levado y traído tema del embargo estadounidense. Por otra parte se suscitó un marco propicio para la actuación, aunque fuera tras bambalinas, del gobernante Castro quien a manera de desagravio envió al cubanito una cámara fotográfica. Por cierto no se aclara la marca de la cámara obsequiada por el Comandante. Tal vez esta sea japonesa, incluso con componentes violatorios de las reglamentaciones impuestas por Estados Unidos para el comercio con la Isla, o hasta producción norteamericana ciento por ciento.

Tras cuatro décadas de vivencias en la jungla del castrismo nada puede extrañar. Conociendo además el comportamiento de ciertos intereses, las conjeturas surgen a raudales. Y es que este acto de humillación ocurrido en un foro respaldado por la ONU, propiciado por una empresa perteneciente a un país que ha mantenido y mantiene relaciones comerciales amplias e ininterrumpidas con la dictadura caribeña, la cual mercantiliza en sus tiendas dolarizados todo tipo de productos nipones, incluidos los de fotografía, resulta extraño este tipo de comportamiento, creo casi único hasta la fecha. Viendo los resultados de la acción hay que preguntarse quien en verdad fue el más beneficiado con ella.

No obstante mi repudio a esta actitud absurda y grotesca contra un inocente compatriota me quedan algunas cosas por decir sobre otras injusticias cometidas en Cuba, precisamente teniendo como trasfondo el asunto fotográfico, las que no cuentan con el mimo nivel de repercusión en la opinión pública internacional. En estos momentos un joven de la misma nacionalidad a la que pertenece Raysel, sufre un terrible castigo por utilizar una cámara Penthion en su isla natal. Por tirar fotos que no le agradaron al gobierno a Omar Rodríguez Saludes le fue solicitada la pena de cadena perpetua durante los juicios de marzo del 2003 recibiendo finalmente la condena de 27 años de prisión por tamaño crimen. Mientras a Raysel se le niega la posibilidad de tener en sus manos una determinada marca de cámara a otros cubanos, en su propio país, se les condena por utilizar cualquier tipo de cámara, aunque sea de fabricación rusa, cuando el producto de su utilización se empeña en manifestar la libre expresión de sus ideas.

Al acto político efectuado para entregar a Raysel el regalo del Comandante acudió José Ramón Cabañas, miembro del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba. Luego de la correspondiente arenga para explicar a los presentes la política férrea del bloqueo norteamericano el funcionario manifestó que el sancionado no era un terrorista para merecer la privación de su felicidad mediante sanción de tal envergadura. Tiene razón el señor Cabañas. Ni Raydel, ni Omar, ni el resto de los periodistas independientes que el régimen cubano mantiene tras las rejas por querer atrapar la realidad circundante en el lente de una cámara son terroristas. El primero no merece se le prive de la posibilidad de contar con esa posibilidad en sus manos y los segundos que se les quite la libertad por hacer uso de ella.



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