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Miguel Saludes
Sorprendente selección para
inaugurar una convención de la prensa libre.
Por Miguel Saludes.
Con categoría de plato fuerte fue anunciada la entrevista que
concedió Ricardo Alarcón de Quesada a los participantes de la
24ta Convención Anual de Periodistas Hispanos inaugurada el
pasado 14 de junio en Fort Lauderdale. El presidente de la
Asamblea Nacional contestó vía satélite a las preguntas de Mirta
Ojito, ex reportera de The New York Times y profesora de
periodismo de la Universidad de Columbia. Más de 2000
profesionales de los medios de comunicación e invitados pudieron
ver a través de una pantalla gigante al funcionario partidista
cubano que desde las oficinas de la CNN en La Habana respondía a
la entrevistadora.
Es curioso que apenas 24 horas antes de comenzar este evento
fuera solucionada la más reciente crisis creada en la capital
cubana en torno a la Oficina de Intereses de Estados Unidos, que
desde hacía varios días tenía cortado el suministro de
electricidad y agua potable. Esta noticia centró la atención de
los medios de información, en especial de la Florida, y marcó
una nueva huella de acritud en las relaciones precarias que
mantienen ambos gobiernos. Tal pareciera que todo este nuevo
ruido y su oportuna finalización antes de la tele conferencia,
tuviera como propósito atraer la atención desviando las miradas
de otros temas de interés sobre la realidad interna que vive la
Isla.
Igualmente fue llamativa la ausencia de los miembros de la
prensa independiente cubana en este encuentro de los periodistas
hispanohablantes. Ya sea los que aún se mantienen en el interior
del país arriesgando su libertad o de aquellos que se encuentran
sufriendo la realidad del exilio pudieron tener la oportunidad
de participar planteando sus criterios, dando testimonio sobre
las condiciones que enfrentan en Cuba quienes se acogen al
derecho de la libre información. Solamente el periodista y
ex prisionero de conciencia Manuel Vázquez Portal logró sostener
un intercambio con un grupo de asistentes al congreso. Una vez
más los representantes de la prensa nueva, que mi amigo Adrián
Leiva denomina justamente como alternativa, fueron ignorados
tanto por el gobierno que les reprime, algo que en definitiva es
lógico de entender, y lo que es peor, por aquellos que debieran
ser solidarios con ellos. Ni Nueva Prensa Cubana ni Cubanet, dos
agencias que desde el exilio han creado un espacio para que el
trabajo de los informadores cubanos salga al exterior,
estuvieron entre los invitados.
Precisamente Omar Rodríguez Saludes, condenado a 27 años de
prisión en Cuba principalmente por realizar trabajos de
fotorreportaje, ocupó la primera plana del periódico para el que
se desempeñó Ojito. En mayo del 2002 apareció en The New York
Times un reportaje escrito por Rayd González que formó parte de
las pruebas del fiscal contra el acusado un año después.
Refiriéndose al trabajo de Rodríguez Saludes, el periodista
manifestó que el cubano era una empresa en sí mismo: hacía las
entrevistas, las fotos, videos, redactaba la nota y después la
enviaba. Para trasladarse usaba una rudimentaria motocicleta
acompañado casi siempre por los atentos ojos de la policía
política siguiendo cada uno de sus pasos, leyendo cada palabra y
asechando el mejor momento para asestar el golpe. Es el mismo
caso de tantos otros periodistas independientes en Cuba que
viven bajo una situación extrema debido a su labor. No obstante
el señor Alarcón enarboló una vez más en esta conferencia la
acusación de que estos presos y los que aún andan por las calles,
son mercenarios del imperialismo.
La gran contradicción que abrió las puertas de este evento de la
prensa es la curiosa participación inaugural que tuvo en ello el
rostro y la voz del Presidente del parlamento unipartidista
cubano, uno de los grandes inquisidores de la libre información
en su patria, el mismo que firmó una ley que sanciona con
sanciones desmesuradas de cadena perpetua y hasta la pena máxima
para quienes disientan, escriban sus opiniones e informen sobre
la realidad del país. Un demagogo que se expresa de esos hombres
y mujeres libres como si fueran vulgares delincuentes
aplicándoles indiscriminadamente el calificativo de asalariados
al servicio del enemigo.
Me hubiera gustado preguntarle al señor Alarcón donde quedó la
respuesta a los gestores del Proyecto Varela, que jamás fue dada
oficialmente. También la razón de que las listas conteniendo la
identidad de los ciudadanos firmantes del Proyecto fueran a
parar a manos de la Seguridad del Estado que desde entonces
dedica buena parte de su trabajo para visitar a estas personas
con el fin de amedrentarlas, chantajearlas y tratar que se
desdigan de su posición. Cómo es posible que el periodista Oscar
Mario González lleve un año en presidio sin juicio alguno. Si
las caricaturas políticas de Regis Iglesias, testimonio dado en
su contra durante el proceso por el que se le condenó a 18 años
de presidio, son tan peligrosas para su gobierno. Le hubiera
preguntado si considera justo que de la misma manera que su
gobierno, aludiendo a situaciones de defensa nacional, encerró
en las prisiones del país a 75 hombres, 23 de ellos por ejercer
una manera de periodismo no reconocido por el oficialismo
totalitario, cualquier periodista o persona que por iniciativa
propia decida divulgar una noticia, reciba el mismo trato por
las leyes de sus respectivos países. Imagino las respuestas del
personero pero al menos hubiera quedado la opción de que la
mentira quedara al desnudo una vez más.
El señor Alarcón habló entre otras cosas de la posibilidad que
tendrán los exiliados de regresar a su país luego de un cambio
sustancial de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba.
Asombra ver como este gobierno trata la expatriación de sus
nacionales, como no se veía desde la época de la colonia. Dijo
que los exiliados podrían volver a Cuba sin aclarar si era para
quedarse o para visitarla. Gran adelanto van a tener los cubanos
exiliados si lo que es un derecho se les ofrece como un gran
favor de los que gobiernan el país. Sentenció además que nadie
podrá reclamar nada. Pero lo que muchos desconocen en el mundo
es la manera en que los cubanos que parten de su país lo hacen
de manera comparable a la de un desterrado, al que se le despoja
de todo. Se equivoca el señor Alarcón en sus presunciones y
desconozco si alguien se lo hizo saber en la conferencia. El
derecho de los cubanos a regresar a su tierra no puede estar
condicionado a enfrentamientos entre gobiernos, ni a posiciones
ideológicas contrarias. Nos pertenece a todos por igual, como
nos pertenece el reclamo de una justa reivindicación. No se
trata del reclamo de inmuebles y terrenos sino de algo mucho más
importante: la restitución de nuestra ciudadanía confiscada por
quienes creen ser propietarios de la Patria.
Finalmente la prensa cubana, esa que no es mercenaria y siempre
dice la verdad, a una semana de la intervención de Alarcón de
Quesada en la apertura de la Convención de Periodistas Hispanos
celebrada en la Florida, mantiene una mudez total sobre la
entrevista y acerca del evento, como si ambos no hubieran tenido
lugar.
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