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Miguel Saludes
Peligro oculto en los gritos
contra Rivero.
La execrable actitud asumida por una veintena de jóvenes en la
Universidad de Sevilla durante la presentación del poeta y
periodista cubano Raúl Rivero, merece una mirada de atención. El
hecho de que un grupo de extremistas radicales haya sido capaz
de paralizar la conferencia que debía dar el intelectual
liberado de las cárceles cubanas y que esto ocurriera sin que la
mayoría de los presentes pudiera evitar la intervención de estos
acólitos del castrismo en el exterior, y ni siquiera salvar la
continuación del programa interrumpido violentamente, es de por
sí preocupante.
La conferencia de Rivero, titulada “Periodismo, poesía y
compromiso político” tenía como objetivo tratar el tema de la
falta de libertad de expresión bajo el régimen totalitario en el
poder desde hace más de cuatro décadas en la mayor de las
Antillas. El testimonio del ex prisionero de conciencia,
condenado a 20 años por el ejercicio del derecho a la libre
expresión del pensamiento, se sustenta en las experiencias de
persecución y acoso sufridas desde que asumiera una postura
contestataria hacia el gobierno cubano, pidiendo abiertamente la
democratización del país. También en sus palabras están las
experiencias de amigos y conocidos que han quedado en la patria,
unos dominados por el lastre de la doble moral, y otros
sometidos al terror de la cárcel por asumir la misma postura del
escritor.
Las dictaduras son implacables contra quienes se les enfrentan.
Por eso nunca cejan en su esfuerzo por silenciarlos, no importa
cuan lejos estén. Para ello no escatiman en el empleo de
recursos y esfuerzos. Este precisamente ha sido el rol que les
ha tocado desempeñar a quienes a fuerza de gritos tenían el
objetivo de impedir que se escuchara en el paraninfo
universitario hispalense la voz testimonial de Rivero. Lo peor
no es que intentaran la acción de bloqueo, sino que en
definitiva lograron callar la voz del conferencista y de paso
evitaron que su mensaje llegara a los presentes. El método
utilizado por la banda es el mismo que en la Isla utilizan las
conocidas brigadas de respuesta rápida, agentes de la policía
política, miembros del partido comunista y afines al sistema,
quienes a título de pueblo aplastan cuanta iniciativa
independiente se produce en la sociedad. Las frases, los
insultos y descalificativos, parecen tomadas de la misma escuela:
gusano, mercenario y hasta terrorista, insulto lanzado
impunemente contra un hombre que lo único que ha empleado es la
fuerza de su intelecto a través de la pluma y la palabra.
La conexión con la embajada cubana, incluso sin la necesidad de
que estuvieran sus representantes en el acto, parece más que
evidente. La mención de los cinco prisioneros del Imperio (campaña
por los cubanos presos en Estados Unidos acusados de espionaje)
es el tema del día en los medios oficiales de Cuba. La mención
de estos, además de ser una maniobra dirigida a opacar la triste
realidad de que en su propio país existen más de un centenar de
condenados por el simple delito de opinar, asociarse y oponerse
libremente al sistema, es un claro indicio de la influencia
propagandística e ideológica de la sede diplomática.
Pero más allá de cualquier especulación sobre la participación
de la parte cubana en estos hechos, lo que sí debe provocar un
llamado de atención en la demostración de fuerza, es que el
pequeño número de participantes que secuestraron la actividad no
hayan podido ser obstaculizados en su labor vandálica por la
mayoría de los presentes. Utilizar el marco de la democracia
para atacarla en sus principios, esgrimiendo precisamente la
libertad de expresión, es una muestra de lo peligroso que
resultan gestos como este y del desamparo en que puede quedar el
sistema democrático si se deja a merced de sus transgresores y
enemigos. Es preocupante ver repetirse la historia en la que
minorías sectarias, enarbolando ideas deshumanizadas y
retrógradas, aparentemente débiles en número pero poderosos en
agresividad, han subyugado a pueblos grandes en sabiduría y
cultura. Primero acuden al terror físico, después se imponen
abusando de los derechos reconocidos para todos, para más tarde
escalar el poder acabando con todo lo que les posibilitó hacer
su jugada, quedando los postulados de la libertad bajo su
arbitrio para su usufructo personal o partidista.
Que sean jóvenes los que hagan estas manifestaciones es de por
sí lamentable. Es un llamado a la reflexión más profunda sobre
la educación que se les está dando a las nuevas generaciones y
la despreocupación de las viejas por el pasado, el olvido de las
experiencias que deberían evitar la repetición de dolorosos
procesos sufridos en otras épocas, no tan lejanas. Con ello se
les restaría posibilidad de reclutamiento a ideologías llenas de
prometedoras propuestas que nunca llegan a realizarse.
Una vez más hay que recordar la frase con la que el periodista
checo Julius Fucik cerró su Reportaje al pie de la horca.
Hombres estad alertas, es un grito de alarma válido para
cualquier tiempo, en especial para este que estamos viviendo.
Mantenerse en guardia y enfrentar cívicamente situaciones como
las ocurridas en Sevilla contra el periodista exiliado Raúl
Rivero, que equivale a decir contra el derecho de los cubanos a
construir una democracia verdadera, debe ser misión de todos los
hombres que ya gozan de ese privilegio. Conservarlo para ellos y
para la Humanidad es un deber imperioso.
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