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Miguel Saludes
Dos amores en la vida de Martí.
Por: Miguel Saludes.
*Galeria
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El 25 de enero el salón Olga y Carlos Saladrigas del Instituto
de Estudios Cubanos y Cubano Americanos de la Universidad de
Miami abrió sus puertas para dar inicio al Congreso Celebrando a
Martí en la jornada del natalito del Apóstol de la independencia
de Cuba.
Para dar comienzo a este evento se escogió la conferencia
“Carmen Zayas Bazán y Carmen Miyares de Mantilla en la vida de
José Martí” El tema de esta conferencia y el hecho de que sería
expuesta por descendientes de ambas mujeres, atrajo las
expectativas de la concurrencia. Un numeroso público compuesto
por reconocidos intelectuales del exilio se dio cita en el
lugar. Carlos Alberto Montaner, José Ignacio Rasco, Enrique Ros
y Orlando Rosardi se unieron al Dr. Matías Montes Huidobro,
presentador y moderador del panel compuesto por Alfredo Zayas
Bazán y Julio Hernández Miyares.
Un breve pero intenso esbozo biográfico titulado “Carmen Zayas
Bazán, una vida trágica” constituyó la charla del heredero del
apellido de la esposa de José Martí. Nacida en Puerto Príncipe
un 29 de mayo de 1813, hija de un convencido autonomista opuesto
completamente a la independencia de Cuba, Carmen sería la mujer
que el destino pondría en el camino sentimental del paradigma de
la independencia cubana. El encuentro se produce en 1871 estando
en México como emigrados. Allí la pasión por el ajedrez hace que
Martí y el padre de Carmen, Don Francisco, intimen, relación que
propiciará el encuentro con la joven y el compromiso amoroso. En
1877 ambos se unen n matrimonio comenzando así la azarosa vida
en ese duro ambiente que les tocó enfrentar a cada uno.
La figura de Carmen Zayas ha quedado empequeñecida no solo por
la estatura del hombre que escogió como pareja, sino tal vez por
el rencor de los historiadores que no le perdonan la
incomprensión y la falta de identificación que tuvo hacia los
ideales de Martí. En su charla el conferencista trazó la ruta de
dolor y soledad que afectó sentimentalmente a Carmen y que
culminó con la separación de Martí. Ella no entendía la razón de
que su esposo dedicara tanto tiempo a la causa independista y
casi ninguno al calor del hogar, mientras que el Apóstol parecía
reprocharle el amor maternal en el que Carmen se volcaba para
llenar con el cariño del único hijo el que no encontraba en
Martí. Señaló el conferencista que algo de amargura advierte en
la expresión de este al referirse a ese sentimiento cuando dice
que ella ha dejado de ser su mujer para ser completamente madre.
En esta aparente incomprensión ve como una respuesta a la misma
falta de entendimiento por parte de la esposa hacia su pasión
por Cuba. Por otra parte Martí no gana lo suficiente. El
invierno crudo del Norte hacen que Carmen decida regresar a Cuba
a fines de octubre (8 mese después de su llegada) y con ella se
lleva al hijo.
En la casa paterna Carmen no es bienvenida. Su hermana está
casada con un coronel del Ejército Español. Poco se habla de la
miseria que soportó esta mujer, sometida a las inclemencias de
un país extraño y frío. Nada se dice de las humillaciones y el
desprecio que soportó cuando regresó al hogar donde su unión
nunca fue bien acogida. Dejó escritas sus quejas al especto
cuando manifestó toda la hostilidad que recibió por parte de
autoridades, familia cercana y hasta de sus suegros. No tenía ni
para comprarle zapatos al niño por lo que en la desesperación
reclama su parte de la herencia materna. El padre solo dispone
la entrega de cuarenta pesos, que apenas alcanzan para la
alimentación. Ella se va a casa de sus tías. Dirá de esos duros
instantes: “Todos me han injuriado, ofendido y herido.” El drama
de su vida se aprecia en una frase que expresará en sus cartas
“Tengo sed de cariño.”
Se resiste a ir a Venezuela donde Martí ha ido. Es más, le acusa
de cobarde por sacrificar a todos en pro de sus ideales.
Trabajando como vicecónsul de Uruguay, haciendo traducciones y
escritos en 1888, el Apóstol alquila una casa en Brooklin para
reunirse de nuevo. No obstante los reclamos por parte de Carmen
continúan y acusa al esposo por su falta de dedicación al hogar
y por no ejercer un trabajo verdaderamente productivo. “Es
cierto que desde que te vi. te amé, pero desde que te conozco
los celos me matan” Existe una total falta de compenetración
entre ellos.
Idas y regresos, separaciones y reencuentros marcan las
relaciones de la pareja que se encontrará en Nueva York por
última vez en 1891.Esta es la época en que se señala la
especulación de las relaciones amorosas con Carmen Miyares. Al
parecer los rumores de esas relaciones golpearon definitivamente
a la Bazán, quien determina su regreso a Cuba sospechando esa
verdad. No obstante a la muerte de Martí reclama a las
autoridades españolas el cadáver para sepultarlo en el panteón
familiar, petición que no fue complacida.
Carmen nunca volvió a comprometerse sentimentalmente y vivió una
viudez ejemplar. Falleció el 15 de enero de 1828. El 30 de junio
de 1951 sus restos son trasladados a Camagüey, el mismo día en
que los de Martí eran depositados en el cementerio de Santa
Ifigenia. Carmen Zayas Bazán fue la mujer que más amó Martí,
pero no contó con su egoísmo incomprensión, algo de lo que ha
sido acusada por las generaciones posteriores y que la ha dejado
en cierto ostracismo ante la historia.
Por su parte el Dr. Julio Hernández Millares nombró a su
conferencia, “Carmen Miyares Mantilla, sosiego y estabilidad en
la vida de Martí.” La misma está concebida dentro de un proceso
humanizador del Maestro, no dejándolo solo en un pedestal
intocable e inalcanzable. Manifestó Miyares que la tarea de los
escritores debe estar dirigida a dar un perfil más preciso y
genuino de Martí que permita la percepción del verdadero hombre,
ese ser humano que encarna el más puro pensador, patriota y
soñador de la Nación antillana.
Carmen Miyares fue una de las dos mujeres de mayor significación
en la vida de Martí y no cabe dudad de que el joven seductor, de
palabras subyugantes pudo haber causado una honda impresión en
su alma femenina. Esta Carmen nace en octubre de 1848 en
Santiago de Cuba. Su estirpe está vinculada a los procesos
liberadores de América, pues el bisabuelo fue Mariscal del
Ejercito Real en Venezuela y la bisabuela Inés, amiga de la
madre de Simón Bolívar, aparecerá nombrada como madre en
escritos del Libertador.
En 1869 se casa con Manuel Miyares Soriano, nacido en Cuba de
padres colombianos. El matrimonio se traslada a la ciudad
neoyorquina donde ella dirige una casa de huéspedes y Manuel una
fábrica de tabacos. Entre 1870 y 1880 nacen sus cuatro hijos.
Por recomendación de un tío de Carmen Zayas es que Martí pasa a
residir a la casa de huéspedes que pertenece a los Miyares.
Carmen contaba entonces con 32 años, Martí con 26 y Manuel con
37. Contrariamente a lo que se ha afirmado este último no era
inválido, aseveró el Dr. Julio Hernández, no existiendo
documentos que hablen de esta dolencia o que la registren.
Incluso la temprana muerte de Manuel a los 42 años se atribuye a
una dolencia cardiaca.
Mucho se ha escrito sobre las relaciones íntimas entre Martí y
Carmen, así como de su paternidad de María Mantilla. Señaló el
conferencista que solamente una futura prueba del ADN podrá
definir la verdad, pero existe algo que parece refutar esa
teoría y es que para ser el padre, Martí tenía que haber
sostenido relaciones amorosas con la Miyares apenas unos meses
de haberse hospedado en la casa del matrimonio, algo que si bien
puede ser posible cronológicamente, no se aviene con los
conceptos éticos y humanos del Maestro, ni con la definición que
este dio sobre el carácter y las condiciones morales de la mujer
a la que realmente pudo amar con el paso del tiempo.
Existe ciertamente una serie de versos martianos que parecen
indicar algo más que una amistad entre ellos, dejando entrever
su despecho por la ida de la esposa con el hijo. (Eva me
traicionó, Eva me consolará.)
Tampoco en la dirección de la supuesta relación apuntan los
informes de los espías al servicio de España que tempranamente
se hospedaron en la misma casa donde estaba alojado Martí. Para
la propaganda peninsular hubiera sido un plato muy fuerte
cualquier nota que pusiera a su enemigo a disposición de la
picota pública por inmoral o traidor. Sin embargo estos espías
jamás indicaron un informe que hablara de esas supuestas
relaciones. Carmen Miyares murió en Nueva York en 1925.
Se puede decir que si existió una mujer que amó a Martí con
intensidad y sinceridad uniéndose a él en su pasión por Cuba,
esa fue Carmen Miyares, quien fungió como su compañera en la
soledad y en los años más difíciles del hombre entregado a la
causa independentista. La viudez de ella y la situación de él,
bien puede haber sido propicia a que el cariño entre ambos se
manifestara en el más puro amor.
Tal vez al finalizar esta conferencia algunos marcharon con sus
expectativas frustradas en cuanto a lo que pensaban escuchar en
el conversatorio. Pero como dijo Bacheva Fort, una de las
participantes en el evento, aquí no hay nada por lo que sentir
vergüenza y mucho menos se necesitan pruebas de ADN para
confirmar lo que nunca ha dejado de ser una especulación. Si la
Miyares amó a Martí y este en su amor se vio confortado y se
sintió menos solo en los momentos duros, entonces no existen
reparos que poner a esas relaciones. Es bueno saber que el
Maestro tuvo esos dos grandes amores, que ambos tenían un mismo
nombre y que la inicial del mismo corresponde al más grande amor
al que consagró su vida: Cuba.
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