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Rostros entre rejas: José Miguel
Martínez
Por: Adrián Leiva
LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) - El día que conocí a
José Miguel Martínez, a quien cariñosamente todos llaman
Miguelito Quivicán -en referencia al pueblo donde nació y
reside, perteneciente al municipio habanero del mismo nombre
situado a unos 50 kilómetros de la capital del país- me percaté
de que me encontraba frente a un hombre de profundos valores
humanos y unos principios arraigados en un sentimiento de
auténtica cubanía, cualidades que demostró poseer cuantiosamente
en esta prueba difícil que las circunstancias le han puesto en
su vida.
Miguelito, católico de vocación y práctica de vida laica, no
sólo es una persona querida en su comunidad religiosa, sino que
goza del respeto y el cariño de muchos de los que viven en la
localidad. Padre de dos adorables hijos y ejemplar esposo,
conforma un lindo matrimonio con su inseparable Sofía, una de
esas uniones que en el contexto social actual contradicen la
elevada tasa de divorcio que existe entre tantas parejas. Para
ellos su modesto hogar constituye un terruño de felicidad, donde
el cariño conyugal y familiar se sustenta en las bases del amor
cristiano. En una ocasión, Migue me confesó que a pesar de los
años de matrimonio cada día era para él como si acabara de
conocer a su esposa.
Durante un tiempo mantuvimos vínculos de trabajo como parte de
mis funciones cívicas dentro del Movimiento Cristiano Liberación
coordinando entre otras tareas la marcha del Proyecto Varela en
una parte de la provincia Habana, que incluía al municipio de
Quivicán donde Miguelito había sido designado coordinador de la
campaña cívica. En ese período pude observar su responsabilidad
y el carisma de la persona que gana a los demás cuando pone el
corazón en la tarea desempeñada con nobleza y sinceridad. Aún me
pregunto si esa sabia manera de cultivar el don de la amistad,
el amor que transpira y la prestancia para servir al prójimo
fueron las verdaderas motivaciones para incluirle en las
detenciones y consecuentes procesos judiciales de marzo de 2003.
La naturaleza bondadosa de José Miguel puede comprobarse por la
actitud de muchas personas de buena voluntad del natal poblado
de Quivicán, quienes independientemente de la ideología que
profesan, expresaron su pesar por la situación de esta familia
tras la sanción dictaminada. Las muestras de solidaridad de
cientos de personas que durante todo este tiempo patentizan su
sentimiento mediante muestras de cariño a los familiares de
Miguelito o haciendo donación generosa y desinteresada de
cualquier producto que pueda incluirse en la llamada jaba que
cada tres meses puede ser llevada al preso, son testimonio de la
popularidad de quien está tras las rejas en su condición de
prisionero de conciencia, demostrando que los que le conocen
saben que él no es un terrorista, ni un traidor a su patria o
merecedor del calificativo de mercenario al servicio de una
potencia extranjera.
Es un cubano sobre el que se está ejerciendo una fuerte carga
para doblegar su fe en la libertad y el compromiso de promulgar
los derechos humanos universalmente reconocidos. Es un hombre
que desarrolló pacíficamente una labor cívica ejerciendo con
toda responsabilidad su derecho ciudadano a realizar una campaña
nacional en pro del Proyecto Varela, iniciativa de Ley
presentada con todos los requisitos pertinentes ante el
parlamento cubano.
José Miguel Martínez o sencillamente Migue, fue sancionado, en
un acto que ennegrece la historia de la jurisprudencia cubana, a
13 años de privación de libertad. Con esta condena su rostro fue
sepultado tras las rejas del presidio político cubano. Junto con
él quisieron encarcelar la alegría del modesto pero feliz hogar
de una ejemplar familia cubana. Lejos de eso José sigue
predicando el Evangelio del perdón en el encierro demostrando
que su espíritu es aún más libre que antes. Su convicción de
ideas le llevó a solicitar el ingreso como miembro efectivo del
Movimiento Cristiano Liberación y este gesto hecho desde el
rigor del encierro habla por sí solo.
Por eso, aunque los medios de prensa estatales, únicos
autorizados en la Isla y que están bajo control del gobierno, no
hablen una palabra sobre cubanos como José Miguel Martínez, al
encarcelarles los han convertido en símbolos de libertad, no
sólo para la mayoría de los pobladores de Quivicán, sino para
miles de cubanos que ven con admiración la voluntad serena pero
indoblegable de este sencillo compatriota que en un oscuro día
arrancaron de su casa, donde quedaron sus hijos y esposa heridos
por un profundo dolor, aguardando por el retorno de este
ejemplar padre y esposo, algo que habrá de ocurrir
irremisiblemente.
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