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Telesur: ¿Censurada en Cuba?
Por: Adrián Leiva

LA HABANA, Cuba - Octubre (www.cubanet.org) - Uno de los rasgos fundamentales sin los cuales no pueden subsistir los sistemas totalitarios es el absoluto control sobre toda la información y el dominio sobre los medios de comunicación. Esto incluye igualmente la información científica técnica y todas las manifestaciones del arte.

Los sistemas totalitarios convierten los medios de información en instrumento de divulgación ideológica a lo que nada escapa, desde un dibujo animado hasta una información sobre un hecho histórico, el cual es presentado con el barniz de la óptica de la ideología imperante. Esta realidad constituye una cortina de hierro con la prohibición de toda literatura y medio de prensa foráneo que no sea del agrado o interés de la maquinaria política del régimen.

Desde los primeros meses de la llegada al poder del actual gobierno en Cuba, uno de sus primeros pasos fue controlar toda la información, mediante la confiscación de todos los medios de comunicación. De esta manera quedó confiscada hace cuarenta y cinco años la libertad de prensa.

Como los cubanos tenemos un apetito voraz por conocer otras ventanas por donde podamos ver la realidad actual del mundo, por medio de una prensa más pluralista y desintoxicada del control estatal, cuando se anunció la creación de Telesur la mayoría de la población pensó que el nuevo canal vía satélite podría ser visto en toda su programación en Cuba, permitiendo al menos una alternativa informativa que compensara los monotemáticos espacios noticiosos de la TV Cubana, así como los de la prensa plana, que en su totalidad son propiedad del Partido Comunista, única organización política permitida en la isla.

Pero esa ilusión no pasó de ser un mediático sueño de verano. Telesur solamente es visto en Cuba durante una hora diaria por el Canal Educativo 2 en un espacio con el título Lo Mejor de Telesur. De esta manera, la maquinaria ideológica gubernamental censura cualquier información que no sea del agrado del sistema, no importa que proceda de esta televisora copatrocinada por Cuba con un aporte del 19 % de su financiamiento, además de contar con un equipo de realización integrado en su totalidad por personas de izquierda.

Este hecho hace pensar a más de una persona cuando el gobierno cubano suspendió la circulación y venta de las revistas Spútnik y Novedades de Moscú en Cuba, en la época de la glasnost soviética, donde la apertura de la libertad de prensa creada en la antigua URSS destapó los lados oscuros de la realidad histórica de ese país. Igualmente fueron suspendidas el resto de las revistas de todo el campo socialista. Según el soberano cubano, estos medios se habían apartado del camino del socialismo para convertirse en propaganda contrarrevolucionaria.

Por lo pronto, Telesur está pasando sin penas ni glorias para la teleaudiciencia cubana, que no ha prestado casi ningún interés a su programación, por ser una continuación de la propaganda del patio. De cualquier forma, Telesur se presenta como una mirada desde otra óptica de la realidad de nuestro continente y cuenta con un experimentado equipo de profesionales e intelectuales, como Eduardo Galeano, Ignacio Ramonet, Ernesto Cardenal y otras destacadas figuras dispuestas a colaborar con la nueva televisora, que contará con el aporte del Gabo Márquez.

Si los directivos de Telesur, que tiene la ventaja de estar financiada por el estado (Venezuela, Argentina, Uruguay y Cuba, lo cual no requiere de la propaganda comercial) logran desarrollar una programación competitiva de nuevo tipo donde se destaquen las potencialidades culturales, sociales y económica de nuestro sub continente y de nuestros pueblos de un modo pluralista y balanceado con una objetividad en la información, y los espacios noticiosos son el 45 % de su programación, entonces será una alternativa más para una mirada a nuestras realidades.

Pero si en cambio el carácter estatal se impone sobre la libertad de prensa e información, como ocurre en Cuba, el fracaso de Telesur será inevitable, ya que se convertirá en un medio masivo de propaganda ideológica del eje Caracas-La Habana, al estilo de la televisión cubana.
Por otra parte, no puede predecirse la perspectiva que Telesur, que tendrá que competir con más de cien emisoras por cable más las que transmiten localmente con una programación comercial que es aceptada por la gran mayoría, a pesar de que estos espacios no aportan nada desde el punto de vista cultural y son de mero entretenimiento, como el caso de las telenovelas tan demandadas por el sector femenino hispano.

Por el momento habrá que esperar cómo se va a delinear dentro de su formación de izquierda la programación de Telesur, pero los elementos de juicio indican que más bien el bombardeo de una exportación ideológica afín al socialismo cubano y la promoción de figuras políticas vinculadas al beneplácito de La Habana y Caracas tendrán las puertas abiertas en la programación de esta nueva televisora.

De una forma u otra, bien vendría que Telesur pudiera ser vista sin censura en Cuba en toda su programación, y que sean los cubanos quienes opten por verla o apagar los telerreceptores si al final es más de lo mismo que presenta la televisión local.



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