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¿Quién me explica esto?
Por: Adrián Leiva

LA HABANA, septiembre (www.cubanet.org) - Una llamada a la puerta de mi apartamento interrumpió el disfrute de las transmisiones de la recién finalizada Olimpiada de Atenas. Algo molesto por la inesperada visita que me hacía desaprovechar unas horas de "alumbrón", abrí la puerta para encontrar en el umbral a dos mujeres de mediana edad, que sin ningún tipo de reservas me abordaron a quemarropa para ofrecerme medicinas.

La venta ambulatoria de algunos medicamentos en el mercado negro se va haciendo algo casi normal en varias zonas del país, pero con mayor incidencia en la capital. En ello incide la escasez de estos productos en las farmacias. Por ello no me sorprendió esta inesperada visita a mi domicilio.

Les invité a pasar por razones bien distintas a las de aceptar sus ofertas, más bien para propiciar el diálogo que motivó el presente trabajo. Personalmente considero incorrecto que existan personas que lucren con algo tan sensible como son los medicamentos. Consciente estoy de las penurias económicas que a diario enfrentamos los cubanos, pero estimo que hay otras variantes para ganarse honradamente la vida, vendiendo otros productos, que no necesariamente tienen que ser fármacos expendidos a precios muy superiores a lo establecido oficialmente. Ellas son necesarias para sanar o aliviar el dolor, y no siempre los enfermos o sus familiares tienen la posibilidad de pagar el valor impuesto por el contrabando.

De manera muy discreta les hice saber mi punto de vista al respecto, con la intención de tocar la fibra humana que toda persona tiene. La respuesta de ellas no se hizo esperar. Tras reconocer que su actividad no resulta nada agradable, agregaron inmediatamente que si en las farmacias estuvieran todos los medicamentos nadie les compraría. Además los cubanos carecen de estos necesarios productos, mientras que el gobierno los envía a otros países. Finalizaron su defensa lanzando una interrogante al aire: ¿Quién es más culpable de esta situación, nosotras o el gobierno?

Debo confesar que aunque su exposición no me convenció, no dejaban de tener un asomo de verdad en lo que decían. La gama de medicamentos que estas mujeres proponen es en su mayoría deficitaria en el mercado oficial. Aparecen en su listado el captopril, meprobamatos, carbamasepina y otros más sencillos, como las almohadillas sanitarias. Cada tableta es cobrada al valor de un peso cubano, lo que para muchos resulta sumamente caro.

La pregunta que se impone es cómo pueden ser adquiridos estos medicamentos deficitarios para su posterior venta ilícita. Es un cuestionamiento lógico que ellas nunca van a responder. Sin embargo, si se tiene en cuenta que estos productos son fabricados en el país y comercializados por empresas distribuidoras de Salud Pública, está bien localizado el origen del comercio.
A escasos metros de mi vivienda, en los bajos de un edificio multifamiliar, está ubicada la farmacia No 969 de la empresa de medicamentos No 3. Los vecinos del lugar han podido observar cómo en los días que se abastece de medicamentos al establecimiento la administradora del mismo sale con bolsos y mochilas bien abultadas, lo que les hace sospechar que el contenido sea parte de lo abastecido en la jornada. Si esto ocurre en ese lugar, quién no puede asegurar que no ocurra lo mismo en muchas otras.

El tema de la falta de medicinas es uno de los tantos problemas que cotidianamente aquejan a los pobladores de la Isla, un país que cuenta con un masificado sistema de salubridad, pero no exento de ineficiencias que se acentúan cada vez más. A pesar de que el gobierno transfirió la red de laboratorios perteneciente al ministerio de Salud Pública hacia la Industria Básica por considerar que ésta cuenta con mayores posibilidades financieras que garanticen la producción de medicamentos, aún lo producido es insuficiente para satisfacer la totalidad de la demanda nacional.

Dos cosas quedan bien definidas. Por un lado, la ineficiencia del Estado que no puede garantizar los niveles requeridos de medicamentos en los establecimientos de distribución, hospitales y otras dependencias; mientras que por otra parte brinda estos mismos servicios a extranjeros con una eficacia superior a la que reciben los nacionales, o se venden en dólares a precios mucho más altos que en el mercado negro. Hay que constatar también la irresponsabilidad de los administrativos de algunas farmacias, laboratorios y almacenes, quienes permiten el desvío de los medicamentos para la venta en el mercado negro haciendo un aporte a la corrupción que cada día aumenta en todos los niveles de la sociedad cubana.

Es cierto que para los enfermos crónicos se han establecido medidas que supuestamente les aseguren el medicamento que ellos deben consumir, habilitándose una tarjeta de control con ese fin. En mi caso, por ejemplo, recibo el salbutamol que se entrega a los asmáticos a través de un tarjetón. Esto no significa que pueda aparecer alguna dificultad en el camino, como me ocurre en estos días en que por no estar el médico en el consultorio al que pertenezco, no he podido renovar el certificado que me autoriza la compra mensual del medicamento. Dado que soy asmático y es mejor tener garantizado un repuesto terminé comprando un spray de salbutamol a veinte pesos moneda nacional. Y esto desgraciadamente es lo que ocurre en un panorama muy amplio de nuestra realidad, al terminar haciendo aquello que sabemos no es correcto o ético, pero donde la necesidad impone su criterio.


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