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Arroz frito
Por: Adrián Leiva
LA HABANA, febrero (www.cubanet.org) - De que el hombre hace ver
las estrellas sin precisar de telescopios y que la necesidad es
madre de los inventos, son dichos que se cumplen a diario. En
eso de inventar para mitigar el hambre cualquiera es capaz de
hacer volar la imaginación, echándole la mano a cuanto aparezca
a su alcance para elaborar, y quizás sin proponérselo logrará el
plato más inesperado por tal de llevarse a la boca un poco de
alimento, convirtiéndose de paso en el creador de un aporte al
arte culinario.
Según cuenta la historia esto es justamente lo que ocurrió a un
residente neoyorquino, cuando casi desfallecido de hambre y sin
un centavo en el bolsillo, agrupó en un poco de arroz cocinado
los restos de otros productos conseguidos dando así origen al
famoso arroz frito, que no fue invento chino como muchos creen.
En Cuba, donde se extendió por toda la Isla una amplia colonia
de chinos desde el siglo 19, también se hicieron famosos los
restaurantes propiedad de esos laboriosos emigrantes, quienes
hicieron las delicias de los comensales cubanos con su
diversidad de platos. A estos lugares, conocidos popularmente
con el nombre de fondas, acudían las personas con menos recursos
económicos por los bajos precios de sus comidas. Por ello, comer
en las fondas de los chinos era casi sinónimo de pobreza, aunque
no faltaban quienes con mejores posibilidades económicas las
visitaban para degustar los platos elaborados con vegetales,
carnes y mariscos.
Los lugares más recordados donde se expendía alimentos eran las
áreas aledañas a la plaza de Cuatro Caminos y el Barrio Chino de
Zanja en La Habana, aunque existían otros lugares ubicados en
zonas cercanas a la capital cubana. Entre los recuerdos de mi
infancia permanecen visitas realizadas a algunos de estos
restaurantes de comida china acompañado de mi padre, antes de
que fueran confiscados en los finales de la década del sesenta.
Todavía era posible consumir arroz frito, sopa china y shop suey
de mariscos o carnes, acompañado de jugos, refrescos o cerveza,
a precios que de acuerdo a la época y aún en los mejores
restaurantes de este tipo de comidas, estaban al alcance de
cualquier trabajador sin que ello provocara una fuerte mella en
su bolsillo.
Han transcurrido más de 35 años desde entonces, pero el gusto
por el arroz frito continúa en la mayoría de los cubanos, con la
diferencia de que en la actualidad lo que antes era una comida
ocasional y barata hoy constituye todo un lujo casi imposible
para la economía de una familia promedio del país.
La elaboración de un arroz frito auténtico para cuatro personas
puede ocasionar el importe del salario de un profesional de todo
un mes. La adición de pollo, jamón, huevo, salsa china y otros
ingredientes, sin pensar en una elaboración más sofisticada que
añada camarones y langostas al contenido, además de difícil
adquisición hacen que elaborar domésticamente este plato se
convierta en un sueño casi imposible de realizar.
Por otra parte se han abierto numeroso restaurantes de comida
china, todos vinculados a sociedades de esa nación vigentes en
el país, sobre en todo en la capital, o que dependen de alguna
manera a la red gastronómica destinada al turismo. En las del
primer grupo se puede consumir en divisa o en su equivalente en
moneda nacional, pero los precios de todas formas son
excesivamente elevados si se les compara con lo que costaban
estas comidas en otros tiempos, aún en la actual etapa de
gobierno. Un plato de arroz frito, muy bien elaborado en estos
centros del Cuchillo de Zanja, puede llegar a costar el nada
módico valor de 25 pesos.
Así el arroz frito, que surgió de la necesidad imperiosa de
aliviar el hambre que tenía una persona sin recursos, y que ya
popularizado se consideró una comida de elaboración barata,
comida de pobres durante muchos años en Cuba, hoy constituye una
exquisitez casi fuera del alcance de un trabajador.
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