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Cuba: Hora de oportunidades
Editorial. Revista "Vitral". Marzo - Abril de 2007.
Hasta que la realidad demuestre lo contrario, con fehaciente
evidencia, vivimos en Cuba una hora de oportunidades.
Oportunidad es el tiempo que se presenta para hacer lo
pertinente, es la puerta para la posibilidad. Oportunidad es la
frontera en que lo que parecía imposible se adentra en el
territorio de lo posible. Es la ocasión lógica para responder a
lo que se necesita, quizá desde hace mucho tiempo, pero que
estaba ahí paralizada, porque no se habían presentado las
circunstancias. No habíamos llegado a la encrucijada entre las
condiciones y las consecuencias. Oportunidad no es oportunismo
sino sentido del momento histórico, es discernimiento de las
cualidades que rodean un tiempo y un lugar que necesitan
cambiar.
Hemos escuchado a muchas personas, de muy diferentes modos de
pensar y de creer, con muy diversos puestos en la sociedad, que
coinciden en que este pudiera ser un tiempo de oportunidades
para Cuba. Atención, decimos: oportunidad para Cuba. Es decir,
para todos y cada uno de los cubanos y cubanas que vivimos aquí
o en cualquier lugar de la Diáspora. No se nos parecen estas
opiniones a las que durante décadas se han escuchado de algunos
de los ángulos agudos de esta historia que se llama Cuba en la
segunda mitad del pasado siglo XX. Nos parecen voces muy
sosegadas, profundas, serenas, moderadas, estudiosas unas y
otras intuitivas, con mucho amor a la Nación a la que pertenecen
por derecho en virtud de ese mismo amor y sentido de
pertenencia, sostenido a pesar de los ciclones y las sequías
Tenemos la impresión de que cuando tantas y tan diversas voces y
corazones coinciden en la coyuntura de la posibilidad es que el
trance tiene algo de acierto y que el tiempo madura para abrir
la puerta a las transformaciones sentidas como necesarias,
reflexionadas como urgentes, y buscadas como asideros para
progresar como cubanos, permaneciendo en tierra y cultura
cubanas.
Es hora de dejar atrás los desaciertos y errores, a veces muy
graves e irremediables, hora de decidirnos, conciente y
responsablemente, por no abrirle la puerta ni a la revancha, ni
a la violencia, ni a la venganza. Hora de optar por la verdad
sin odios, pero verdad; por la justicia sin ensañamiento, con
magnanimidad, pero justicia; y por la reconciliación sin ocultar
las cicatrices pero sin hurgar en ellas, es decir,
reconciliación que es siempre volver a empezar y pasar la hoja.
Es hora de tomar las decisiones que consideremos mejores para
Cuba y su futuro, sin impertinencias pero sin pausa, porque para
muchos, por su edad y por su capacidad de resistir, esta es su
última hora de oportunidad. Y la Patria no debe seguir perdiendo
a una significativa porción de sus hijos por falta de
oportunidades.
Es la hora de dejar atrás los anacronismos que, como sabemos,
significa aferrarse a un tiempo que pasó. Esto significaría aquí
dejar de aferrarse a una forma de organizar la sociedad que ya
pasó, a unas ideologías que ya pasaron, a unos estilos de
trabajo que están trasnochados, a una forma de convivir que ya
pasó, a una forma de debatir o dialogar que está superada, a una
forma de discrepar que ataca a las personas y no discute sus
ideas, a una manera de participar que pertenece a la edad de los
autoritarismos y los paternalismos, propios de la adolescencia
cívica y no de la madurez ciudadana que sabe que la autopista
para llegar a la democracia es la participación efectiva,
eficaz, plural, transparente, tolerante y cotidiana. Unas veces
siendo participación de apoyo y otras como participación
discrepante, pero siempre con la misma validez, respeto y
espacios para el debate público y el consenso negociado.
Es hora de dejar atrás los anacronismos e injerencismos
foráneos, venidos del Sur y del Norte, del Este y del Oeste.
Este tiempo de oportunidades para Cuba debe significar también
un gran respeto en las relaciones internacionales por la
primacía del protagonismo de los cubanos y cubanas que vivimos,
trabajamos y permanecemos aquí, pero esto conlleva,
inseparablemente y al mismo tiempo, un gran respeto aquí por la
primacía de todos los derechos humanos de todos los cubanos y
cubanas que vivimos, trabajamos y permanecemos aquí, por encima
de la política, la economía, las ideologías y todo lo demás.
Otros anacronismos que entorpecen esta hora de oportunidades
para todos los cubanos, pueden ser los siguientes:
- Anacrónicas son las medidas económicas impuestas contra los
ciudadanos y que son éticamente inaceptables, porque equivocan
el destinatario, justifican a los verdaderos responsables y
trocan las consecuencias. Esto entorpece la hora de la
oportunidad para el libre intercambio entre las personas, las
familias y los pueblos y contribuyen al "aislamiento de la Isla"
- Anacrónicas son las inversiones económicas que desconocen y
violan aquí los derechos de los trabajadores cubanos, los mismos
derechos que en su País están obligados a respetar y reconocer,
no solo porque sus leyes se lo exigen allá y se lo prohíben
aquí, sino porque lo exige la buena conciencia y los derechos
prioritarios de los trabajadores cubanos. Y todos esos
propietarios saben que el Derecho está por encima de la Ley y
mucho más de las leyes injustas. Admitir esto, argumentando que
los negocios son los negocios y el mercado es el mercado por
encima de la persona humana, es un anacronismo que está
entorpeciendo y mal educando el futuro de Cuba.
- Anacronismo es también manipular, con utilitarismos políticos,
las necesidades y pobrezas de los pueblos, para intercambiar
bienes de indiscutible justicia social por influencias políticas
de un lado y de otro. Los populismos cierran la oportunidad de
los pueblos de crecer como ciudadanos empoderados con su
soberanía inalienable.
- Anacronismo es cerrar y aislar el País ya sea desde dentro o
desde fuera y prohibir la libre circulación de los ciudadanos
dentro y fuera de sus fronteras provinciales y nacionales cuando
el mundo de hoy sabe que esos "muros" pertenecen al pasado en
cualquier lugar que lo intenten alzar hoy contra el tiempo y los
derechos de los pueblos. El aislamiento es la fortaleza de los
anacronismos y la apertura el comienzo de su fin. Pero no nos
quedemos en estos desafíos por resolver, debemos escuchar esa
íntima y perseverante intuición de que estamos entrando en la
hora de las oportunidades para Cuba. Dejemos a un lado, tanto
los pesimismos como los oportunismos. Hora de oportunidad para
Cuba debe ser sinónimo de hora de la responsabilidad de cada
cubano y cubana que viva aquí o en cualquier lugar donde
peregrina la Nación indivisible.
Hora de oportunidad es hora de responsabilidad. De libertad y
responsabilidad compartidas. En efecto, dar oportunidad a que
los cubanos ejerzan su plena soberanía desde abajo es dar
mayores espacios de libertad, pero esa libertad no será bien
usada si al mismo tiempo no damos chance a la responsabilidad
personal y social.
Escuelas de responsabilidad es lo que necesita Cuba en esta hora
de oportunidades. Escuelas de responsabilidad son espacios de
participación verdadera y no de repetición inconsciente. Escuela
de participación es propiciar oportunidades de ser uno mismo y
no una máscara de oportunismo. Escuela de participación y
responsabilidad es entrenamiento para la democracia y garantía
para no convertir la libertad en libertinaje, ni la oportunidad
en oportunismo.
Si los cubanos y cubanas nos ponemos de acuerdo en no cerrar la
puerta a la oportunidad en esta hora de Cuba, entonces cada
persona, la sociedad civil y el Estado podrán sentir y pensar
cómo revivir la esperanza. Virtud que empuja a la confianza y al
empeño. Cuyo nuevo nombre es la oportunidad para que cada cubano
pueda crear y protagonizar su propio proyecto de vida y para que
podamos encontrarnos, asociarnos, organizarnos libre y
pacíficamente para buscar comunitariamente la igualdad de
oportunidades y la oportunidad para que Cuba cambie para bien.
Concretemos aún más los minutos que conforman esta hora de Cuba:
- Puede ser la hora en que cada cubano comience a pensar con
cabeza propia y a hablar y actuar sin hipocresía. Y nada ni
nadie le quite esta oportunidad de ser.
- Puede ser la hora en que cada familia cubana comience a
decidir su propio destino, la educación de sus hijos, el respeto
a la vida, el ambiente moral y la atmósfera de participación en
el seno de la familia: primera escuela de democracia. Y nada ni
nadie le impida esta oportunidad de quererse y crecer en
humanidad.
- Puede ser la hora en que cada grupo natural estreche sus lazos
de amistad y reciprocidad, se encuentre para pensar, sentir y
trabajar en comunidad de intereses y de solidaridad sin falsas
divisiones ideológicas, políticas o religiosas. Y nada ni nadie
le niegue esa oportunidad de sentir y querer juntos.
- Puede ser la hora en que cada grupo de cubanos y cubanas que
tengan un proyecto común, sea de perfil social, cultural,
económico, político o religioso, aprenda a asociarse, a
organizarse pacíficamente, dentro del respeto del derecho de los
demás y de las leyes justas para ir tejiendo el entramado de una
sociedad civil nueva y más autónoma, creativa y participativa. Y
nada ni nadie limite esa oportunidad de asociación ni le niegue
el espacio a la confianza recíproca, único "pase" a la
oportunidad.
- Puede ser la hora en que cada empresa cubana pueda tener la
oportunidad de ser protagonista de su autogestión y la hora en
que cada cubano empresario no tenga que "sentir" a la empresa
"como si fuera suya", sino que tenga la oportunidad de que "sea
suya" de verdad. Y nada ni nadie tenga la hegemonía ni el
monopolio de la empresa ni del capital. Nada ni nadie de fuera
ni de dentro.
- Puede ser la hora en que cada trabajador cubano pueda tener la
oportunidad de trabajar por cuenta propia, de hacerse a sí mismo
un pequeño empresario, tener acceso al micro crédito, destapar
la capacidad de tenaz emprendedor que caracteriza a la inmensa
mayoría de los cubanos y cubanas. O, cuando menos, puedan los
empleados tener real y efectiva participación en la gestión y
las ganancias de las empresas donde entregan su vida. Y nunca
más se consulte lo que ya está aprobado, sino que se apruebe
solo lo que se haya consultado y todo sea para el bien común.
- Puede ser la hora en que los trabajadores cubanos dejemos de
"hacer como si trabajáramos" y de que el Estado deje de "hacer
como que nos pagan". Y los salarios y otras prestaciones
sociales le permitan vivir de su trabajo de verdad.
Puede ser la hora, y lo estamos viendo, en que los
intelectuales y artistas cubanos den paso, por ellos mismos y
con su estilo y códigos, a una cultura del debate abierto, de la
discrepancia fecundante y purificadora de la memoria histórica y
del quehacer intelectual. Y que nada ni nadie dé por zanjado el
espacio de debate, ni por cerrada la oportunidad al protagonismo
de las conciencias críticas y plurales.
- Puede ser la hora en que las Iglesias en Cuba tengan la
oportunidad de ser ellas mismas, en igualdad de condiciones con
sus hermanas de aquí y de fuera, y que no tengamos que explicar
más a nuestros hermanos y superiores del mundo entero que Cuba
tiene unas "condiciones diferentes" al resto del mundo y "unas
restricciones especiales" con relación a los demás. Es decir,
que nada ni nadie confunda más la libertad de culto con la
entera libertad religiosa, ni confundan más la dimensión social
del servicio de la Iglesia con una forma de hacer política
partidista.
- Puede ser la hora en que las relaciones internacionales de
Cuba tengan la oportunidad de normalizarse, es decir, en que
nuestro país asuma, en la práctica cotidiana y perseverante, el
concepto de relaciones internacionales que coloca a la persona
de los ciudadanos, su dignidad y sus derechos todos, civiles y
políticos, culturales, económicos y sociales, por encima de
razones de políticas, ideologías, ideas religiosas o estrategias
económicas. No solo entre Cuba y los Estados Unidos, si no
también en América Latina y la Unión Europea, en Asia y África,
en todas las regiones de este planeta se necesita dar una
oportunidad a la diplomacia de un humanismo integral y solidario
que abandone los anacronismos de los bloques ideológicos, de los
intereses económicos y comerciales por encima de los derechos
humanos y de las hegemonías internas y externas; por encima de
culturas y soberanías.
- Esta puede ser la hora en que los que tienen las más altas
responsabilidades de gobierno abran cada vez más, de forma
gradual y pacífica, las oportunidades de participación para
todos los cubanos y cubanas, de modo que se adecue el marco
legal a mayores espacios de responsabilidad democrática. Y todos
sabemos que muchas de las oportunidades mencionadas
anteriormente dependen de esta apertura legal y de su amplitud
plural e incluyente.
Tenemos la impresión de que una cantidad muy significativa de
cubanos intuye o ve claro este momento histórico y que, además,
desearían que todo fluyera de la forma más ordenada, más
participativa y más ágil que se pueda. El futuro próspero, feliz
y democrático de Cuba dependerá de las actitudes y decisiones
que tomemos cada uno de los ciudadanos y cada uno de los que
prestan su servicio al País desde las posiciones de la más alta
responsabilidad.
Si dejamos todos pasar esta hora decisiva y sosegada, incierta
pero esperanzadora, quizá lo tengamos que lamentar durante mucho
tiempo por venir.
Una vez más lo decimos, con toda confianza y esperanza, creemos
que el pueblo cubano, por sí mismo, puede y «debe ser el
protagonista de su propia historia», y que nuestra mayor
fortaleza para esta hora histórica, que pudiera ser de grandes
oportunidades para todos, es el capital humano, el potencial
emprendedor, la capacidad de recuperación y el carácter
solidario y fraterno de la Nación cubana, toda ella, siendo ella
misma mestiza y plural, unida en la propia diversidad y con los
demás pueblos y Estados en relación respetuosa de sus
respectivas soberanías y culturas.
Tenemos también la impresión de que a esta altura de la
historia, ningún pueblo de la tierra, ninguno, desearía violar o
lesionar siquiera, nuestra soberanía y la integridad nacional.
Nadie con responsabilidad lo desea y no lo toleraríamos
nosotros, ni ninguno de esos pueblos, incluido, por supuesto el
hermano pueblo de Estados Unidos.
Entonces bastaría con la voluntad política y con la
participación y responsabilidad cívica de los cubanos para abrir
la puerta y responder al reto histórico de esta hora de
oportunidades para Cuba.
No la defraudemos.
Pinar del Río, 25 de febrero de 2007
Aniversario
de la
muerte
del Padre
Félix
Varela.
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