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Si pudiéramos robarle a Brasil a Vinicio de Moraes...

Las leyendas, los libros y las melodías perezosas de Vinicio de Moraes lo colocan, casi por instinto, en esa región del corazón en la que habitan 'nuestros' Juan Gelman, Agustín Lara y Angel González.

RAUL RIVERO / EL MUNDO

Martes

En otros paraísos
Creo que leí, o me contaron, o soñé que Borges, Cortázar o Lezama, uno de ellos, dijo o quiso decir o deslizó en una entrevista que nosotros, los que hablamos, sufrimos, gozamos y, finalmente, morimos en lengua española, nos merecíamos a Vinicio de Moraes.

Que lo debíamos tener en las antologías, en los libros de textos de las escuelas y en las deliciosas y provocadoras libretas de versos que las muchachas de Hispanoamérica cultivan (rosas, corazones rojos, hojas muertas) para tener en la vejez una guía para la nostalgia y un inventario de ilusiones apagadas donde renacer de vez en cuando.

Nos hubiera gustado Vinicio de Moraes en los boleros tristes, en las baladas y en los tangos. En las cumbias sabrosas del Caribe colombiano, en los merengues y en las alternativas del viaje de los cantaores porque sus poemas están de manera natural en la cartografía de esas sensibilidades.

El era uno de esos poetas que viven como todo el mundo cree que deben vivir los poetas. Aunque sabemos que nadie vive así. Se piensa en Vinicio de Moraes como un eterno cazador de chicas de Ipanema, en un bar semejante al que estaba cuando pasó a la legítima, la original; escribió los versos iniciales y le pidió a Tom Jobim que le diera los primeros compases de esa canción universal.

Lo hubiéramos querido sin intermediarios en las músicas del castellano, para citarlo de memoria, despojado del miedo a traicionarlo y decirle a una amiga: Sólo la pureza me ama y ella es en mí, una ciudad/ y tiene allí mil puertas.

No es rechazo por las cadencias del portugués que tiene tantos concubinatos con el castellano, ni afán de dejar a Brasil sin uno de sus cantores más fecundos. Es sólo que lo queríamos también a él con sus leyendas y sus libros y a esa filosofía de cantina mexicana y bares porteños que lo emparenta con José Alfredo Jiménez y Juanito Gelman. Con Agustín Lara y Angel González.

No hay nada pecaminoso en quererlo con su bossa nova en español y su libro Camino para la distancia como parte de la biblioteca básica de nuestras casas. En definitiva, Vinicio de Moraes se murió convencido de que la vida es el arte del encuentro.

Jueves

El coronel que escribía
Una noche, en Moscú, en los años 70, llamé por teléfono al embajador de Ecuador y le dije que en su país se acababa de producir un golpe de Estado. El diplomático me pidió que le leyera los despachos de las agencias noticiosas y luego me hizo este comentario: «Dentro de unas horas salgo de vacaciones al Mar Negro y no quiero que ese jaleo se interponga en mi camino. Llame mañana al cónsul y que él le dé su evaluación del caso. Gracias y que no lo desvelen a usted tampoco aquellos disparos.»

Yo era corresponsal allí de una empresa a la que no le interesaba el hecho noticiosos, sino la propaganda. Así es que me fui a dormir.

Lo único trascendente de este episodio (porque el asalto militar fue abortado) es que ese embajador era el escritor Jorge Icaza Coronel, un hombre que con su novela Huasipungo -publicada en 1934- había llevado al primer plano de la vida en Hispanoamérica el grave asunto de los indígenas de aquella región.

Icaza venía de la dramaturgia y de los escenarios, donde se había destacado como autor y director. Un año antes de Huasipungo publicó Barro de la sierra, unos relatos que tenían también al indio como protagonista. Estos dos libros le dieron popularidad y renombre en el ámbito de la narrativa. Siguió luego y, hasta su muerte en 1978, en ese mismo camino.

El escritor trabajó en una decena de obras sobre el tema indígena.En las calles, Cholos, Media vida deslumbrados, Huayrapamushcas, El Chulla Romero y Flores y Atrapados, escrito en 1973, lo convirtieron en un autor imprescindible en esa materia, en una referencia obligada y en una figura literaria respetada y querida.

Huasipungo se publicó en 40 idiomas y se hicieron ediciones especiales para niños y jóvenes. En los viejos planes de los estudios de bachillerato de aquellos países, la novela era objeto de extensos análisis y, desde luego, los laberintos de las existencias de los indios aparecían en las preguntas de los exámenes de fin de curso.

A lo mejor las ansiedades que me hizo pasar en esas pruebas Jorge Icaza Coronel fueron las que me impulsaron a despertarlo a medianoche, años después, para anunciarle que estaban a punto de derrumbar a cañonazos el gobierno que él representaba ante los herederos de Josef Stalin.

Lo cierto es que Icaza, que vivió en su niñez en una propiedad rural de su familia, conocía muy bien la situación de los asentamientos indios y su aproximación a esa comunidad fue siempre objetiva, leal, real, comprometida con la verdad descarnada.

Su obra está llena de leves insurgencias, denuncias y rebeldías.Ahora, que el tema indio es el centro de la manipulación de populistas y demagogos que quieren convertirse en dictadores de poncho y boina roja, la obra de Icaza recobra vigencia poco a poco y sus libros comienzan a desempolvarse.

El relató, describió, retrató la vida de los indios de su país.No los utilizó para ambiciones políticas, ni para imponer modelos de dominación y esclavitud. No fue un amigo profesional de los pobres. Fue un observador de la realidad.

Una vez le preguntaron qué parte de su obra le parecía más importante y respondió: «Absolutamente toda. Perdón, pero soy muy franco».

Sábado

Guillermo Fariñas y la muerte

Lleva un poco más de dos meses en huelga de hambre. Estudió psicología, tiene 42 años y dirige una pequeña agencia de noticias -Cubanacán- que funciona en el territorio central de la isla de Cuba. Es Guillermo Fariñas y está muy grave en una sala del hospital provincial de Santa Clara.
Fariñas reclama que el Gobierno de Fidel Castro le permita a todo el pueblo cubano el acceso a Internet. Quiere que él, como periodista, pueda consultar fuentes y comunicarse directamente con los medios donde colabora, sin tener que hacerlo de forma clandestina, mediante teléfonos prestados y bajo la persecución de la policía política.

Un médico, Julio Sánchez Hernández, dijo que el estado del comunicador es delicado «y de pronóstico bastante sombrío».

Ha tenido cefaleas graves, pérdida de sensibilidad en las extremidades inferiores, fiebres altas, sepsis urinaria y desviación de una comisura labial, entre otras reacciones.
Numerosas instituciones le han pedido a Fariñas que abandone la huelga, pero el periodista asegura que está reclamando un derecho elemental.

Hace unos días, Fariñas agradeció la preocupación por su salud pero dijo que llevaría la huelga «hasta sus últimas consecuencias».El uso de Internet en Cuba está restringido a los organismos centrales del Estado, instituciones científicas y extranjeros residentes en el país.
Fariñas comenzó el ayuno el 31 de enero y el 7 de febrero tuvo que ser ingresado en un salín de terapia intensiva.

Ningún representante de la dictadura ha dado respuesta a su petición.

¿Cuántos días más va a permanecer vivo Guillermo Fariñas? Nadie lo sabe.




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