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Solo para cubanos
Por: Adrián Leiva.

Como otros tantos cubanos he optado por no desgastarme en explicarle a visitantes foráneos, siempre que me han pedido les explique como vivimos los nacionales. Y es que las cosas que ocurren en mi país solo se pueden entender viviendo en Cuba y por mas que uno le explique hasta al mismísimo Albert Estein, si resucitara, los vericuetos que produce este sistema no lograrían ofrecer ninguna ecuación que permitiera una comprensión del problema, entre otras razones porque muchas de estas cuestiones que suceden en la Isla no ocurren en cualquier parte del mundo o sencillamente no tienen lugar. Por eso les digo casi siempre a los visitantes curiosos que usen un buen colirio para que limpien sus ojos y después recorran Cuba, no como turistas, sino como cubanos. Tal vez así podrán estar en condiciones de empezar a comprender como vivimos los del patio.
Uno de los fenómenos que solo existen en esta parte de la geografía mundial es el relacionado con la libreta de abastecimientos y todo el mecanismo enrevesado que trabaja detrás de este pequeño calendario donde el tiempo se cuenta por los productos que se reciben según lo establecido. El sistema ha sido ponderado por muchos extranjeros, y algunos hasta lo han tratado de instalar en sus países sin saber los inconvenientes que arrastra la persona que tiene que vivir a base de una cuota normada por vida. Uno de ellos es que en caso de surgir un imponderable se pueden perder los escasos alimentos racionados. Dicho de manera más comprensible si a usted se le presenta un problema y no coge en el momento lo que se destinó para su consumo lo más seguro es que pierda definitivamente el derecho a recibirlo. El organismo que se ocupa del control de esta libreta y que forma parte de la maquinaria estatal, se desentiende del asunto.

Ejemplos de esta problemática se dan a diario en todo el país y puede ser el mismo que aconteció con una vecina del barrio. Maribel , es una de esas mujeres que dejó bien atrás la etapa de la crianza de sus dos hijos, los cuales ya convertidos en adultos se hicieron improvisados marineros y a cuenta y riesgo de ser carne para tiburones cruzaron el Estrecho de la Florida en una embarcación rústica, teniendo la suerte de tocar tierra firme en la otra orilla. Ahora, gracias a esa desesperada aventura, Maribel y su esposo tienen un nivel de vida aceptable, gracias a las remesas de dinero que mensualmente reciben de sus hijos. Este matrimonio de más de treinta años ha tenido que pagar el alto precio de tener a su familia dividida para exhibir una vivienda en óptimas condiciones y con todas las comodidades, pero que en realidad es un santuario de soledad donde los efectos electrodomésticos no pueden llenar el vacío de los seres queridos ausentes. Los almuerzos dominicales, por bien servida que este la mesa, se realizan ante la presencia las dos sillas desocupadas que recuerdan el espacio dejado por el fruto de su unión.

Quizás para cambiar de ambiente, Maribel decidió este año tomar unas vacaciones especiales. Considerando lo problemático que resultan los meses de verano por el descanso de los estudiantes, ella aprovechó la primera quincena de septiembre para salir de viaje junto a su esposo y visitar a los familiares del cónyuge en una provincia del interior del país. Al regresar del paseo, los vacacionistas encontraron que habían perdido la libra de pollo que les corresponde cada mes por la libreta de productos alimenticios, además de la media libra de galletas de sal, el sobrecito de café mezclado con chícharos y la media libra de pasta alimenticia de ese mes, incluyendo de los productos que por la dieta medica recibe la mujer debido a un padecimiento.

Por suerte Maribel pudo compensar la pérdida de estas minucias que el estado le asigna a cada cubano mensualmente. Para ello contó con la salvadora remesa de dólares que sus hijos les envían puntualmente. Pero para la mayoría de la población, que no tiene esa posibilidad, las cosas no resultan igual y tan pronto llegan a los comercios minoristas los escasos productos normados ellos corren a buscarlos. De no hacerlo a tiempo según el plazo fijado, pierden el derecho a adquirirlos, lo que significa perder el derecho al mal comer del mes. Ahora dígame como puedo explicarle a un extranjero que en Cuba hay libreta hace cuatro décadas y media y que algunos de los productos que son entregados por esa vía se pierden de no ser extraídos del establecimiento antes de las 72 horas. ¿Acaso existe una situación similar en otra parte del mundo o esto sólo forma parte del extenso libreto escrito por el socialismo para los cubanos?



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