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Lo absurdo de poner los pies en un lugar seco.
Por: Miguel Saludes.
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El decreto de ley conocido como Pie seco y pie mojado vuelve a ser noticia en estos días, algo que no debe resultar extraño pues las salidas de cubanos que deciden echar toda suerte a los brazos del mar para escapar de la Isla no han dejado de ocurrir y lo más probable es que lejos de disminuir se incremente aún más.

En esta ocasión el revuelo provocado por la aplicación del decreto no se debió a la pérdida de vidas humanas, sino a que lo absurdo de su contenido hizo mella en la parte que lo puso en vigencia. Un grupo de cubanos llegados al viejo puente de las Siete Millas fue devuelto a Cuba bajo el pretexto de que los navegantes no habían tocado territorio norteamericano. Inmediatamente los familiares de los supuestos balseros pusieron todo su empeño en que la orden de devolución no se cumpliera, pero todo fue en vano. Esto dió origen a la huelga de hambre pública que por casi dos semanas mantuvo el líder de la organización Democracia, Ramón Saúl Sánchez. Según manifestó el huelguista, este acto cívico de protesta tiene como objetivo llamar la atención del gobierno norteamericano de lo injusto que resulta el controvertido decreto, buscando su humanización. Una gran parte de la comunidad de cubanos en la Florida vio el gesto con aprobación al ver reflejados en él sus sentimientos. Y es que en la acción de Saúl ellos sienten que se está haciendo un llamado a la dignificación de los exiliados, afectados después de los acuerdos migratorios alcanzados entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos.

Por su parte el Gobierno encabezado por Fidel Castro hace de la Ley de Ajuste Cubano uno de sus objetos en su campaña anti norteamericana, exigiendo su revocación. Esta actitud pudiera ser considerada otro de los absurdos del enfrentamiento mantenido entre ambos estados desde hace cuatro décadas, pues gracias a la vigencia de la ley los isleños que arriban a tierras de Norteamérica reciben automáticamente un estatus que resulta envidiable para los emigrantes del resto del mundo, algo que les posibilita una rápida integración a la vida económica del coloso del Norte. Las remesas y entradas de dinero que llegan cada vez con mayor abundancia al paraíso del comunismo tropical se deben en buena medida a esta razón. Pero al gobernante cubano no le interesan, al menos eso trata de demostrar, tales ventajas para sus compatriotas. En su agenda la ideología marcha primero, como debe ser en el caso de todo buen marxista como él dice ser. Pero una cosa piensa el dictador y otra los que están bajo su férula. Las oleadas de balseros, que desde hace décadas llegan a Estados Unidos, en especial la del 95, han puesto a pensar a las administraciones estadounidenses y lo mejor que se les ha ocurrido es una medida que se ha tornado en un verdadero dolor de cabeza.

Cabe preguntarse hasta donde es lógico y beneficioso mantener una ley que además de absurda, no disminuye en nada los intentos de salida, sino que al contrario les pone nuevas condiciones, una carrera competitiva cuya meta es tocar cualquier punto de la costa vecina. Los que llegan reciben todos los beneficios y quien no tenga esa suerte es devuelto. Ahora los viajes se hacen con mayor preparación para garantizar la llegada. Llamar balseros a los que arriban a costas de Estados Unidos casi se va convirtiendo en un eufemismo. O realmente las técnicas en las artes de navegar a rumbo han sido perfeccionadas al extremo por los improvisados marineros de la Mayor de las Antillas, o simplemente las embarcaciones tienen mejores condiciones. Y en esto último es donde parece radica la clave. Desembarcar en Key Biskayne o en Miami Beach en otros tiempos era una rareza para los que se aventuraban a la deriva por el Estrecho de la Florida. Gracias a las labores de Hermanos al Rescate o al mismo servicio de vigilancia costera estadounidense, la mayoría podía finalmente lograr su propósito sin desaparecer en el intento. Ahora se ha montado un gran negocio con las personas que quieren emigrar por esta vía desde Cuba. Un viaje en lancha cuesta entre 5000 a 8000 dólares. Algunas fuentes indican mayores cantidades. Si se toma en cuenta que el número de pasajeros nunca es inferior a la decena, téngase una idea de las jugosas ganancias que se están embolsillando algunos. A esto se agrega aquello de que entre col y col se va una lechuga. Viaje rápido, lucrativo y con posibilidades de colar a David por el hueco de la aguja.
Ciertamente la actitud de Ramón Saúl Sánchez merece todo el respeto de la comunidad cubana. Lo sucedido con este último grupo de compatriotas es preocupante, pues ellos realmente consiguieron tocar tierra. La justificación para su devolución también es un llamado de alerta por la falta de perspectivas que se denota en su ella. Pero también debe haber una reflexión profunda sobre el hecho en su generalidad. Por una parte la validez de un decreto que poco puede hacer por controlar la emigración ilegal, incluso le da cierto incentivo. Después el trato que gracias a este reciben los que salen del país por este medio. Finalmente el fenómeno de que mientras se defiende el derecho de nuestros hermanos en huir del comunismo muchos de ellos afirman que los motivos de su salida son puramente económicos. La realidad nos dice que en Cuba gobierna un poder despótico que genera un éxodo sin fin que no terminará, ni con esta ni con ninguna otra ley que trate de frenarlo. Ese es el centro generador de estos males y a su solución definitiva deben estar dirigidos todos los esfuerzos e ideas, acción que corresponde en primer lugar a los propios cubanos que la padecemos.



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