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El final de una industria
Por: Lic. Oscar
Espinosa Chepe
Con el anuncio de la segunda etapa de llamada Tarea Álvaro
Reynoso por el Ministerio del Azúcar (MINAZ), y la posible
paralización de 40 ó 50 centrales azucareros, según estimados de
agencias internacionales de prensa, prácticamente ha llegado el
final de una industria que tanto significó para la economía y la
sociedad cubana durante siglos.
Los almacenes y naves principales de las instalaciones a
paralizar serán dedicados a producciones o a brindar servicios
de carácter social, de acuerdo con información brindada por
funcionarios del MINAZ en un acto efectuado en el Ingenio
Gregorio Arlée Mañalich, reportado por el diario Granma el 7 de
Septiembre pasado.
La primera etapa de la Tarea Álvaro Reynoso comenzó en 2002,
cuando se decidió desmantelar 64 centrales y dedicar 21 a
producir mieles o para actividades turísticas, de los 156
existentes.
El cierre de estos 40-50 ingenios se plantea será hasta
diciembre de 2007.No obstante, dadas las condiciones ruinosas de
las instalaciones azucareras cubanas en general, y que los
almacenes y naves de los centrales interruptos se utilizaran,
mientras tanto, en otros fines, parece bastante incierto que
pueda reiniciarse la producción azucarera en esos lugares.
A lo anterior se agrega el catastrófico estado de las
plantaciones de caña, debido a muchos años de falta de atención.
En la pasada zafra, el rendimiento agrícola se estima que no
sobrepasò las 30.0 mil arrobas por caballerías, lo cual
significa que en cualquier país estarían en condiciones
“optimas” para demoler.
En este incierto panorama, solo molerían un poco más de 30
centrales en la próxima zafra para garantizar el racionado
mercado interno (700.0 miles de toneladas) y, con mucho
esfuerzo, una pequeña cantidad para exportar, de ser cierto el
cierre de los 40-50 unidades azucareras.
Para justificar la cuasi liquidación de la antaño poderosa
industria azucarera cubana, las autoridades han proclamado:”Al
desaparecer el mercado de preferencia, Cuba ha tenido que
exportar su azúcar compitiendo con naciones que la subvencionan
y pueden venderla más barato, a la vez los costos de producción
se elevan por año a causa del alza galopante del precio de los
insumos, en especial los combustibles, maquinaria agrícola y
productos agroquímicos entre otros” Granma 7 de septiembre de
2005.
A la luz de la experiencia internacional surgen muchas
interrogantes sobre estos argumentos. Brasil, India, Tailandia,
Australia y otras naciones han mantenido sus industrias
azucareras, y las han continuado desarrollando. Brasil, por
ejemplo, que como promedio produjo cerca de la mitad del azúcar
elaborada por Cuba en los años 1961-1965, hoy produce 22.0
millones, mientras la Mayor de las Antillas en la ultima zafra
parece no haber sobrepasado 1.3 millón de toneladas
Ciertamente el azúcar ha perdido mucho espacio en el mercado
internacional, debido a la competencia y el abaratamiento de
sucedáneos sintéticos y naturales. Expertos cubanos conocían
desde mucho antes de 1959 que esta coyuntura se presentaría. Por
ello clamaron por una política de diversificación de los
productos derivados de la caña. Desafortunadamente, estos avisos
no fueron tomados en cuenta, y poco se avanzó por ese caminos,
en especial durante los últimos decenios, faltó decisión y
previsión.
A diferencia de nuestra industria, la de otros países se
diversificó, aprovechándose la variedad de posibilidades
productivas encerradas en la gramínea azucarera. Carburante,
electricidad, materiales de construcción, productos
químicos-farmacéuticos, alimentos para el ganado, entre otros
que tienen mercados y excelentes precios se han ido
desarrollando, con tecnologías cada vez más sofisticadas, sin
olvidar que sigue existiendo demanda de azúcar y otras
producciones tradicionales, como el ron.
Hoy el Etanol de caña de azúcar proporciona el 50.0 % del
combustible para automóviles en el populoso Brasil (Revista
Nacional Geographic, agosto 2005). En esa nación comenzó a
producirse en serie un avión, el –Ipanema-, cuyo motor funciona
con etanol, (Ignacio Ramonet Juventud Rebelde 9 de septiembre de
2005). Podrá imaginarse la rentabilidad de este carburante en
momentos que el precio del barril de petróleo ronda los 70
dólares, sin soslayar los beneficios adicionales de utilizar un
carburante con menor contaminación ambiental.
Podría añadirse que en la Florida, como en otros lugares del
planeta, los centrales procesadores de caña de azúcar, propiedad
de cubanos, entregan significativa cantidad de electricidad a la
red nacional, siendo este uno de los principales objetivos de
sus negocios.
Los elementos expuestos demuestran que la industria de la caña
de azúcar, lejos de ser una actividad derrochadora de energía,
como afirman fuentes oficiales cubanas, por el contrario, si es
gestionada racionalmente, puede dejar un alto saldo positivo de
energía después de cubrir sus necesidades. Se garantiza así, con
en concurso de otros derivados, una rentabilidad generosa,
además de ser una importante fuente de empleo.
Resulta irónico que casi al mismo tiempo en el central Gregorio
Arlée Mañalich en la practica se ponían los últimos clavos en el
ataúd de la industria azucarera cubana, en la Habana, se
desarrollaba el Simposio Internacional”El Azúcar:Cinco Siglos de
Historia”. En el evento se destacó que “Por su influencia en la
cultura, idiosincrasia y en el desarrollo económico de muchos
países, ningún investigador debe desestimar el origen y devenir
de la actividad azucarera…”es muy probable que en próximas
reuniones a celebrarse en Cuba, haya que mostrar películas y
fotos de lo que una vez fuera nuestra principal riqueza
nacional.
La Habana, 13 de septiembre de 2005
Lic. Oscar Espinosa Chepe
Economista y Periodista Independiente
Condenado a 20 años de prisión desde Marzo de 2003
Con Licencia extrapenal “hasta que se considere que ha
recuperado su salud” Desde 29 de noviembre de 2004.
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