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El Talón de Aquiles
Estadounidense
Por:
Carlos A. Montaner
2005-08-27
Hugo Chávez ha vuelto a amenazar a Estados Unidos con cancelarle
las ventas de petróleo. Lo hizo en medio de un 'tribunal
antiimperialista' con que en estos días de verano se entretienen
los chavistas. Es un circo antinorteamericano en el que en medio
de gritos y consignas llaman a Bush Mister Danger e insultan a
todo su gabinete con los peores epítetos.
Según Chávez, si Venezuela le deja de vender petróleo a Estados
Unidos ya tiene un cliente sustituto. No lo menciona, pero,
obviamente, se refiere a China. El acto es como un remake de
parecidas idioteces que se organizaron en Cuba hace tres
décadas. En todo caso, es un misterio fisiológico cómo gente sin
cerebro puede conservar intacta una memoria tan precisa.
Diariamente surcan rumbo a Estados Unidos dos grandes barcos
cargados de combustible venezolano. Al cabo del año eso
significa aproximadamente el 16 por ciento del petróleo que
Estados Unidos importa. No es imposible buscar otras fuentes
parciales de suministro, pero en este momento cualquier
enfrentamiento entre Washington y Caracas hará aumentar aún más
el precio del petróleo. Según los cálculos de los especialistas,
cuando el barril llegue a --hoy se mueve en torno a los -- es
posible que ese aumento provoque una recesión en la todavía hoy
pujante economía norteamericana, como sucediera en 1973, 1981 y
1990. Chávez, pues, ha elegido acertadamente el momento de
lanzar sus bravuconadas.
Si Estados Unidos entra en recesión se produce una reducción de
las importaciones norteamericanas, suele caer la Bolsa, los
inversionistas se inhiben, el dinero se esconde tras el oro o
tras instrumentos financieros seguros, y el resto del planeta
sufre las consecuencias. Es casi inconcebible que los afiebrados
líderes de la izquierda bananera no hayan descubierto que cuando
al primer mundo le va bien, todos los países, en alguna medida
--la medida de su eficiencia económica--, progresan, y cuando le
va mal, todos se hunden. Una recesión americana, por ejemplo,
afectaría las exportaciones chinas y enfriaría el crecimiento
impetuoso del país, lo que significaría una menor necesidad de
petróleo.
Pero tan asombrosa como la suicida ignorancia de la izquierda
bananera, que es capaz de quedarse ciega con tal de que Estados
Unidos pierda un ojo, es la pertinaz e imperdonable imprevisión
de Estados Unidos. Desde 1973, hace ya más de treinta años, los
norteamericanos descubrieron que no podían depender de las
importaciones de petróleo, especialmente porque una buena parte
de las reservas de combustible se encuentra en territorios
políticamente inestables y potencialmente hostiles a Estados
Unidos. Desde entonces, desde Richard Nixon hasta George W.
Bush, todos los presidentes norteamericanos han asegurado que
van a poner fin a esa fatal servidumbre y no lo han hecho.
Irresponsablemente, todos han jugado a corto plazo, amarrados
por intereses económicos sectoriales, limitándose a estimular
medidas parciales que han dejado el problema en el exacto punto
de partida.
Es verdad que no hay fuente de energía más barata que un barril
de petróleo situado por debajo de los treinta dólares, pero esa
cuenta es demasiado sencilla para ser cierta. ¿Cuánto cuesta el
respaldo político y militar a Arabia Saudita y a los Emiratos?
Si en 1990 Estados Unidos hubiera cumplido su compromiso de ser
autosuficiente en materia de energía, y el petróleo, por lo
tanto, hubiera sido un mineral menos deseado, ¿hubiera lanzado
Saddam Hussein sus tropas sobre Kuwait? ¿Cuánto han costado las
recesiones provocadas por el alza del petróleo en los setenta,
ochenta y noventa? ¿Cuánto costará la próxima recesión si el
barril llega a ? Billones, tal vez trillones de dólares se
evaporan incesantemente como resultado de contrastar de una
manera simplista el valor industrial promedio del barril de
petróleo frente a la energía fotovoltaica, eólica, atómica o al
resto de las opciones disponibles, sin introducir en la ecuación
el inmenso costo oculto de la dependencia petrolera y de las
crisis periódicas que ésta provoca.
¿Será la crisis con Venezuela el punto de partida de una actitud
más seria y madura por parte de Estados Unidos en materia
energética? Si así fuera, se habría producido el milagro de que
Hugo Chávez, finalmente, habría servido para algo constructivo.
Una consecuencia, por cierto, asombrosa.
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