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En Cuba hay profesionales sin miedo
Por: Elsa Morejón Hernández
La Habana -- El 25 de junio el periódico Granma publicaba un
artículo titulado Filósofos y científicos sociales que apoyan a
Cuba. Hacía referencia a la clausura de la XVII Conferencia de
Filósofos y Científicos Sociales de Cuba y Estados Unidos
concluida el viernes 24. El documento de clausura de la
delegación de EEUU fue leído por Tim Sakelos, estudiante de
postgrado de la Universidad de Chicago, quien alegó: ''Nuestra
visita se produce en un marco de agresiones continuas por parte
del gobierno de EEUU.'' Cliff Duran, coordinador general por la
Asociación de Filósofos Radicales, declaró: ''Lo más importante
del encuentro es que perviva y permita el intercambio académico
entre profesionales, así como contactar la realidad cubana''. La
periodista Iraida Calzadilla y José Carlos Velásquez, decano de
la Facultad de Filosofía, Historia y Sociología de la
Universidad de La Habana, elogiaron a dicha delegación por no
temer en su desacuerdo con el gobierno de su país, y los
calificó de valientes.
Un ciudadano común, Antonio, me dijo: ``¿Viste lo que salió en
el Granma? Vinieron profesionales americanos, hablaron mal de su
gobierno, vuelven a su país y no les pasa nada. ¿Sabrán que tu
esposo, el Dr. Biscet, siendo un profesional está preso y
sancionado a 25 años por oponerse a la pena de muerte, al aborto
y por querer democracia? Creo que no''.
Muchos cubanos ignoran que el pueblo americano tiene una
Constitución democrática con un mensaje muy claro: We the
people... Como ignoran que en los EEUU existe un estado de
derecho, por lo que hacer lo que estos profesionales hicieron
cuando vinieron a Cuba no es un acto de valentía, sino un
derecho a la libre expresión.
Nunca nos hemos opuesto al intercambio de conocimientos, pero un
intercambio en condiciones de igualdad. Es imposible que en
cinco días un grupo pueda constatar la realidad de un país y de
su gente, pero el señor Velásquez continúa diciéndoles a los
americanos que asistieron al evento: ''Ustedes pudieron
constatar nuestro estado de ánimo, cómo piensa y actúa la gente,
cómo nuestros académicos pueden presentar un conjunto de ideas y
someterlas a debate''. Concluye Granma: Fueron objeto de
atención temas vinculados entre la ética del género humano y la
educación, los estados nacionales, la cultura política,
gobernabilidad, políticas públicas y sociedad civil.
Si de hablar de ética del género humano se trata, elegiría votar
por el triunfo del ser humano y su dignidad, y esto está lejos
de alcanzarse en Cuba. Aquí existe la mayor población carcelaria
política en el mundo, por pensar diferente al sistema imperante.
Muchos cubanos ignoran que estos visitantes estadounidenses son
dueños de pequeños y grandes negocios, sin importar si
pertenecen al Partido Comunista, al Republicano o al Demócrata.
Que el desarrollo de su sociedad civil coloca a esa nación entre
las más ricas del mundo. Que el ciudadano puede alimentar a su
familia y disfrutar de un estado de derecho. La Declaración
Universal de Derechos Humanos nunca se ha publicado en Cuba, más
bien se presenta como un documento subversivo y hace más de 46
años no se celebran elecciones libres y democráticas, ni es
aceptada la diversidad de partidos políticos.
Aspiramos a una cultura política que enaltezca la personalidad
humana. Albergamos la esperanza de que Cuba no tenga presos por
sus ideas, porque pensar y hablar es un derecho humano, no un
privilegio. Los presos desafían leyes injustas para decirle al
mundo: ''Somos personas, queremos derechos humanos. Cuba
necesita y quiere vivir en libertad''. Esto sí es valentía. Es
un gesto de amor hacia la humanidad. Es un gesto a favor de la
vida. Los presos han elegido el sufrimiento espiritual, la
separación de su familia, el dolor del presidio por salvar la
dignidad humana. El pueblo estadounidense debe saber que en Cuba
hay profesionales que no temen ni a leyes injustas ni a miserias
humanas, por salvar los bienes más preciados que tiene el
hombre: Dios, la vida y la libertad.
Miembro directivo de la Fundación Lawton de Derechos Humanos en
Cuba y esposa del doctor Oscar Elías Biscet, preso de conciencia
condenado en abril de 2003 a 25 años de cárcel.
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