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Hambres diferentes
Por: MANUEL VÁZQUEZ PORTAL
Jul. 09, 2005


Hay hambres que no tienen que ver con el picadillo de soya ni la libreta de abastecimientos que prevalece en Cuba. Son hambres diferentes. Devoran más el alma que el cuerpo. Crueles. Impasibles. Tiránicas. De esas hambres me gustaría hablarles a aquellos pensadores de estómago que sólo aspiran a silenciar los gritos del yeyuno cuando en realidad son el cerebro y el corazón los que escandalizan. No sólo de pan vive el hombre, empezaría recordando.

Aún tengo olor de Cuba en mis zapatos. Aún me duele la ausencia de manatíes nadando negligentemente, como los vi en mi infancia, en los canales que desembocan en la Laguna de la Leche. Aún me duelen los pequeños escolares que quieren parecerse a sus padres y son obligados, cada mañana, a repetir mecánicamente que han de ser como ese hombre --vuelto dios por la propaganda-- que ni siquiera saben a derechas quién fue. Aún me duelen los hombres y mujeres sin otra alternativa que alquilar, por salarios míseros, su pensamiento y sus brazos a un gobierno --única empresa empleadora del país-- que los explota. Aún me duelen los ancianos madrugadores que hacen filas en los estanquillos para adquirir periódicos que luego revenderán.

Si alguien me preguntara si en Cuba se padece hambre, le respondería que no. Y me referiría, claro está, a esa hambre que debilita al cuerpo. No es el cubano persona que admita pacientemente que su familia sufra hambre, por más turbios o peligrosos que resulten los métodos que se vea impelido a usar para impedirlo. Robo y prostitución han proliferado últimamente.

Si alguien me preguntara si en Cuba se sufre hambre, respondería que sí. Y me referiría, claro está, a esas otras hambres que enflaquecen el alma.

Aún tengo olor de Cuba en mis zapatos. Hieden a mentiras oscuras sus periódicos. Huelen a dobleces hipócritas las conversaciones. Apesta a opresión cualquier gestión ciudadana. Hay olor de mordaza, aroma de censura en todos los discursos. Y ésas son hambres que no laceran el estómago. No he de mentir nunca para hacer valer otra mentira. Las mayores hambres en Cuba son las espirituales. Las mayores hambres de Cuba son las de libertad. Es la escasez moral la que destruye el territorio nacional. La feracidad de la tierra cubana no ha sido embargada. La ingeniosidad y la laboriosidad del cubano no han sido embargadas. Si faltan las legumbres o las frutas, si faltan las aspiraciones personales, los proyectos de futuro, es porque faltan las libertades para que florezcan.

No es canijo de cuerpo, precisamente, que anda el cubano. Es flaco de espíritu. No es comida, que mala o buena la consigue, lo que requiere el cubano. Es alimento moral lo que necesita. Que sus derechos y sus libertades no se pisoteen.


© 2005 El Nuevo Herald


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